PERDER EL CONTROL
Lao
Tse, nos recuerda que: “el que domina a otros es fuerte; el que se domina a
sí mismo es poderoso”. En otras palabras, perdí el control. A veces,
consciente o inconscientemente somos súper controladores, de las cosas, de las
personas, de las circunstancias, y todo lo que podamos controlar, aunque nos
descontrolemos. Por ejemplo: El control, no el dialogo, de los padres hacia los
hijos. El control, no el respeto, de los hijos hacia los padres. El control, no
la delegación, de los jefes hacia los trabajadores. El control, no la confianza,
en la relación de pareja.
“Perdí”,
un término que se escucha en el ambiente familiar, laboral, negocios,
estudiantil y académico. Perdí. Parece algo que te pertenece. Las cosas, aunque
sean valiosas, por sí mismas no te hacen mejor ni superior a nadie, si no las
sabes usar inteligentemente para ser tú mejor que ayer. Pero, ¿Qué es realmente
nuestro? “Perder” ante los demás, es competir por algo o por alguien ¿Por qué
nos da miedo perder? Acaso, ¿no es algo propio de la naturaleza, el perder para
ser mejores? No tiene sentido molestarse cuando el árbol pierde sus hojas, o
algunos animales pierden su piel y pelo para mudar. La semilla necesita ser
enterrada – perder – para dar nueva vida.
Cuando
queremos controlar todo, como si fuéramos dueños de ello o de aquello, es un
modo de auto esclavitud, es un desgaste innecesario, inútil, una pérdida de
tiempo y de energías. Nada más desagradable y enfermizo que, el controlar y ser
controlado, nos lo dice Brian Tracy, de manera directa y sincera en la
siguiente frase: “no puedes controlar todo lo que te sucede, pero puedes
controlar tu actitud ante lo que sucede, y en eso, estarás dominando el cambio
en lugar de permitir que él te domine a ti”.
Nada
pierdes si no estás compitiendo por algo o con alguien. Nada te pertenece.
Crees que es tuyo. Por eso afirmas que perdiste. Cuando nos aferramos a las
cosas por algo, o nos aferramos a alguien, pensamos que es nuestro y que nunca
lo perderemos. El control te quita la libertad y si controlamos somos esclavos
de ello. Y vivimos para cuidar aquello que podemos perder. Me parece algo muy
triste. A nadie le gusta ser controlad@. El control es esclavitud. Deja de ser
un/una esclav@. Que siempre prevalezca y brille tu dignidad ante los demás.
La
libertad personal, no el control, está garantizada en todas las Constituciones,
y protegen la libertad de pensamiento, expresión, religión, etc. Pero,
curiosamente parece que pocos la valoran y muy pocos la viven. Nadie puede ser
privado de ella, sin embargo, vivimos en una sociedad donde much@s renuncian a
esta libertad en todas sus dimensiones de la vida personal, familiar y
política. Hay gente que busca el control y el ser controlados, y prefieren este
estilo de vida. Si es que se puede llamar estilo de vida.
Cuando
perdemos el control en nuestro actuar. Nos molestamos, gritamos, hacemos un
berrinche. Como cuando alguien tiene poder sobre ti, porque se lo permites y
terminas perdiendo automáticamente los papeles. Hay gente especializada en
hacer que los demás pierdan la paciencia, la paz y el buen humor. Les gusta
verl@s sufriendo por su descontrol. ¿Gente malvada? No. Es gente sin afecto,
tampoco lo recibieron en su vida, que gozan del sufrimiento y del dolor de los
demás. Sé agradecid@. Te están dando una lección, y es que aprendas a no dar tu
poder a los demás.
Tampoco
se trata que, escondamos nuestras emociones a los demás, o nuestras molestias o
desagrados por algo que consideramos injusto. Tenemos que decirlas, por
supuesto, con respeto y de modo directo. A propósito de esto nos dice
Aristóteles, sobre cuando perdemos el control y la compostura: “Cualquiera
puede enfadarse, es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada,
en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo
correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo”. No todas las
personas tienen la intención de hacerlos sentir mal, pero, tenemos esa
percepción, y debe ser aclarada.
El
perder en los estudios, como perder el control del primer puesto, indica que
estás compitiendo. Si estás compitiendo tienes que aprender a ganar y a perder.
Ley de la vida, ganas y pierdes, pierdes y ganas, a veces para ganar debes
perder, por ejemplo, si te dedicas a los estudios, la disciplina te exige
“perder”, es decir, privarte de salidas, diversiones, reuniones, y también de
amig@s. Mejor debes aprender a disfrutar de tus estudios, investigación,
indagación, curiosidad. Si es que realmente lo tuyo es el estudio.
En
una relación de pareja, el controlar tiene que ver con los celos y la
inseguridad personal. Eso es lo más primitivo que somos, es lo más funesto
cuando se tiene a alguien, es lo más desagradable en una convivencia. Falta
total de autoestima y autonomía. El/la celos@ es una persona que le gusta
controlar de modo enfermizo, culpando y haciéndose la víctima. Esta inseguridad
se transforma en manipulación.
La
manipulación es “cosificar” a la persona, es tratar mal, es quitarle su
libertad y opinión libre, es una forma de violencia psicológica y emocional. Un
consejo sinceramente sano, aléjate elegantemente de esa persona. Mejor es
prevenir que lamentar. Facundo Cabral, desenmascara la ignorancia del
manipulador: “De mi madre aprendí que nunca es tarde, que siempre se puede
empezar de nuevo; ahora mismo le puedes decir basta a los hábitos que te destruyen,
a las cosas que te encadenan …, a los que quieren dirigir tu vida por el camino
perdido”.
Es
necesario, en palabras de Marco Aurelio, comprender que: “La felicidad
de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos”. Asumimos
nuestra responsabilidad personal y social con mayor madurez. Tampoco se trata
de ser un perdedor o una perdedora. Se trata de que también ganemos,
triunfemos, nos vaya bien en la vida, tengamos éxito. Pero, también cuando
pierdes, algo en ti cambia, te purificas, te liberas, despiertan en ti nuevas
posibilidades para seguir superándote en la vida. Aprendemos sobre nuevas
perspectivas del actuar humano, somos más conscientes de nuestras decisiones y
elecciones. No pierdes porque siempre ganas.
Evita
victimizarte. Daniel Goleman, sobre las emociones y su control en nuestra vida,
dice: “Si no puedes controlar tus emociones, no puedes controlar tu
liderazgo”. Nadie te hace más daño que, cuando te infravaloras a ti
mismo. Tampoco te auto tortures. Nadie te hace más daño que, cuando te
abandonas y te desprecias. Deja de mendigar amor, aprecio y aceptación. No
necesitas rebajarte ante nadie por nada. Aprende a tener una relación sana
contigo mismo. Cuida de ti mismo. Nos dice Epicteto, el “preocuparse es
perder el tiempo en algo que no podemos controlar. Elige la paz en lugar de la
ansiedad”.
La
grandeza del autocontrol de tus emociones, está en reconocer tus posibilidades
y limitaciones. Hay cosas de las que estamos orgullosos y hay cosas de las que
estamos avergonzados. Sé humilde para reconocer que no somos perfectos, pero,
sí perfectibles. Y que podemos mejorar poco a poco, si nos lo proponemos. Eres
tú, tu mejor líder y tu mejor compañía. Valora y disfruta el estar contigo
mismo. Si quieres influir en los demás, ten presente que, “dirigir no es
mandar, es persuadir”, en palabras de Abraham Lincoln.
Sé
un verdadero líder para tu vida y la vida de los demás. Aprendamos de Lao Tse,
que nos recuerda que: “El mejor líder es aquel que apenas se nota que
lo es. Cuando su trabajo está hecho, la gente dirá: los hicimos nosotros
mismos”. Es decir, sé la inspiración para los que te rodean. Tú debes
tener el control sobre ti mismo, no sobre los demás. Esa es tu principal
responsabilidad como ser humano. No debes ser marioneta ni títere de tus descontroles,
eso se llama auto regulación emocional. Y eso es algo importantísimo en nuestra
autoestima y en nuestras relaciones con los demás. Nos dice serenamente Eckhart
Tolle, sobre el control: “intentar controlar todo es la mayor fuente de
estrés. Aprende a soltar”.
Nadie
debe despertar lo animal que soy. Porque lo somos en el sentido primitivo.
Tenemos el instinto de supervivencia bien arraigado y estamos muchas veces, a
la defensiva para “defendernos” de los “depredadores humanos”. La educación
está orientada a educar = instruir o guiar y/o domar = amansar o sujetar, a
este “primate” que aún despierta de vez en cuando en cada uno de nosotros.
Aprende a manejar en ti ese auto control. Deja de competir con los demás, sé
siempre la mejor versión de ti mism@. A propósito de esto nos dice
Aristóteles: “No puedes dirigir el viento, pero sí ajustar las velas”.
Puede
ser que haya perdido el control sobre mí mismo por un momento, pero, nadie me
desplaza si yo elijo ser la mejor versión de mí mismo, y no en aquello que los
otros quieren de mí, sino en lo que yo decido para mi vida. Por algo
cuento con la guía de la siguiente oración de la serenidad: “Dios, concédeme
la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar
las que puedo y la sabiduría para conocer la diferencia”.