miércoles, 31 de diciembre de 2025

PERDER EL CONTROL

 



PERDER EL CONTROL

 

Lao Tse, nos recuerda que: “el que domina a otros es fuerte; el que se domina a sí mismo es poderoso”. En otras palabras, perdí el control. A veces, consciente o inconscientemente somos súper controladores, de las cosas, de las personas, de las circunstancias, y todo lo que podamos controlar, aunque nos descontrolemos. Por ejemplo: El control, no el dialogo, de los padres hacia los hijos. El control, no el respeto, de los hijos hacia los padres. El control, no la delegación, de los jefes hacia los trabajadores. El control, no la confianza, en la relación de pareja.

 

“Perdí”, un término que se escucha en el ambiente familiar, laboral, negocios, estudiantil y académico. Perdí. Parece algo que te pertenece. Las cosas, aunque sean valiosas, por sí mismas no te hacen mejor ni superior a nadie, si no las sabes usar inteligentemente para ser tú mejor que ayer. Pero, ¿Qué es realmente nuestro? “Perder” ante los demás, es competir por algo o por alguien ¿Por qué nos da miedo perder? Acaso, ¿no es algo propio de la naturaleza, el perder para ser mejores? No tiene sentido molestarse cuando el árbol pierde sus hojas, o algunos animales pierden su piel y pelo para mudar. La semilla necesita ser enterrada – perder – para dar nueva vida.

 

Cuando queremos controlar todo, como si fuéramos dueños de ello o de aquello, es un modo de auto esclavitud, es un desgaste innecesario, inútil, una pérdida de tiempo y de energías. Nada más desagradable y enfermizo que, el controlar y ser controlado, nos lo dice Brian Tracy, de manera directa y sincera en la siguiente frase: “no puedes controlar todo lo que te sucede, pero puedes controlar tu actitud ante lo que sucede, y en eso, estarás dominando el cambio en lugar de permitir que él te domine a ti”.

 

Nada pierdes si no estás compitiendo por algo o con alguien. Nada te pertenece. Crees que es tuyo. Por eso afirmas que perdiste. Cuando nos aferramos a las cosas por algo, o nos aferramos a alguien, pensamos que es nuestro y que nunca lo perderemos. El control te quita la libertad y si controlamos somos esclavos de ello. Y vivimos para cuidar aquello que podemos perder. Me parece algo muy triste. A nadie le gusta ser controlad@. El control es esclavitud. Deja de ser un/una esclav@. Que siempre prevalezca y brille tu dignidad ante los demás.

 

La libertad personal, no el control, está garantizada en todas las Constituciones, y protegen la libertad de pensamiento, expresión, religión, etc. Pero, curiosamente parece que pocos la valoran y muy pocos la viven. Nadie puede ser privado de ella, sin embargo, vivimos en una sociedad donde much@s renuncian a esta libertad en todas sus dimensiones de la vida personal, familiar y política. Hay gente que busca el control y el ser controlados, y prefieren este estilo de vida. Si es que se puede llamar estilo de vida.  

 

Cuando perdemos el control en nuestro actuar. Nos molestamos, gritamos, hacemos un berrinche. Como cuando alguien tiene poder sobre ti, porque se lo permites y terminas perdiendo automáticamente los papeles. Hay gente especializada en hacer que los demás pierdan la paciencia, la paz y el buen humor. Les gusta verl@s sufriendo por su descontrol. ¿Gente malvada? No. Es gente sin afecto, tampoco lo recibieron en su vida, que gozan del sufrimiento y del dolor de los demás. Sé agradecid@. Te están dando una lección, y es que aprendas a no dar tu poder a los demás.

 

Tampoco se trata que, escondamos nuestras emociones a los demás, o nuestras molestias o desagrados por algo que consideramos injusto. Tenemos que decirlas, por supuesto, con respeto y de modo directo. A propósito de esto nos dice Aristóteles, sobre cuando perdemos el control y la compostura: “Cualquiera puede enfadarse, es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo”. No todas las personas tienen la intención de hacerlos sentir mal, pero, tenemos esa percepción, y debe ser aclarada.

 

El perder en los estudios, como perder el control del primer puesto, indica que estás compitiendo. Si estás compitiendo tienes que aprender a ganar y a perder. Ley de la vida, ganas y pierdes, pierdes y ganas, a veces para ganar debes perder, por ejemplo, si te dedicas a los estudios, la disciplina te exige “perder”, es decir, privarte de salidas, diversiones, reuniones, y también de amig@s. Mejor debes aprender a disfrutar de tus estudios, investigación, indagación, curiosidad. Si es que realmente lo tuyo es el estudio.

 

En una relación de pareja, el controlar tiene que ver con los celos y la inseguridad personal. Eso es lo más primitivo que somos, es lo más funesto cuando se tiene a alguien, es lo más desagradable en una convivencia. Falta total de autoestima y autonomía. El/la celos@ es una persona que le gusta controlar de modo enfermizo, culpando y haciéndose la víctima. Esta inseguridad se transforma en manipulación.

 

La manipulación es “cosificar” a la persona, es tratar mal, es quitarle su libertad y opinión libre, es una forma de violencia psicológica y emocional. Un consejo sinceramente sano, aléjate elegantemente de esa persona. Mejor es prevenir que lamentar. Facundo Cabral, desenmascara la ignorancia del manipulador: “De mi madre aprendí que nunca es tarde, que siempre se puede empezar de nuevo; ahora mismo le puedes decir basta a los hábitos que te destruyen, a las cosas que te encadenan …, a los que quieren dirigir tu vida por el camino perdido”.

 

Es necesario, en palabras de Marco Aurelio, comprender que: “La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos”. Asumimos nuestra responsabilidad personal y social con mayor madurez. Tampoco se trata de ser un perdedor o una perdedora. Se trata de que también ganemos, triunfemos, nos vaya bien en la vida, tengamos éxito. Pero, también cuando pierdes, algo en ti cambia, te purificas, te liberas, despiertan en ti nuevas posibilidades para seguir superándote en la vida. Aprendemos sobre nuevas perspectivas del actuar humano, somos más conscientes de nuestras decisiones y elecciones. No pierdes porque siempre ganas.

 

Evita victimizarte. Daniel Goleman, sobre las emociones y su control en nuestra vida, dice: “Si no puedes controlar tus emociones, no puedes controlar tu liderazgo”. Nadie te hace más daño que, cuando te infravaloras a ti mismo. Tampoco te auto tortures. Nadie te hace más daño que, cuando te abandonas y te desprecias. Deja de mendigar amor, aprecio y aceptación. No necesitas rebajarte ante nadie por nada. Aprende a tener una relación sana contigo mismo. Cuida de ti mismo. Nos dice Epicteto, el “preocuparse es perder el tiempo en algo que no podemos controlar. Elige la paz en lugar de la ansiedad”.

 

La grandeza del autocontrol de tus emociones, está en reconocer tus posibilidades y limitaciones. Hay cosas de las que estamos orgullosos y hay cosas de las que estamos avergonzados. Sé humilde para reconocer que no somos perfectos, pero, sí perfectibles. Y que podemos mejorar poco a poco, si nos lo proponemos. Eres tú, tu mejor líder y tu mejor compañía. Valora y disfruta el estar contigo mismo. Si quieres influir en los demás, ten presente que, “dirigir no es mandar, es persuadir”, en palabras de Abraham Lincoln.

 

Sé un verdadero líder para tu vida y la vida de los demás. Aprendamos de Lao Tse, que nos recuerda que: “El mejor líder es aquel que apenas se nota que lo es. Cuando su trabajo está hecho, la gente dirá: los hicimos nosotros mismos”. Es decir, sé la inspiración para los que te rodean. Tú debes tener el control sobre ti mismo, no sobre los demás. Esa es tu principal responsabilidad como ser humano. No debes ser marioneta ni títere de tus descontroles, eso se llama auto regulación emocional. Y eso es algo importantísimo en nuestra autoestima y en nuestras relaciones con los demás. Nos dice serenamente Eckhart Tolle, sobre el control: “intentar controlar todo es la mayor fuente de estrés. Aprende a soltar”.

 

Nadie debe despertar lo animal que soy. Porque lo somos en el sentido primitivo. Tenemos el instinto de supervivencia bien arraigado y estamos muchas veces, a la defensiva para “defendernos” de los “depredadores humanos”. La educación está orientada a educar = instruir o guiar y/o domar = amansar o sujetar, a este “primate” que aún despierta de vez en cuando en cada uno de nosotros. Aprende a manejar en ti ese auto control. Deja de competir con los demás, sé siempre la mejor versión de ti mism@. A propósito de esto nos dice Aristóteles: “No puedes dirigir el viento, pero sí ajustar las velas”.

 

Puede ser que haya perdido el control sobre mí mismo por un momento, pero, nadie me desplaza si yo elijo ser la mejor versión de mí mismo, y no en aquello que los otros quieren de mí, sino en lo que yo decido para mi vida. Por algo cuento con la guía de la siguiente oración de la serenidad: “Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las que puedo y la sabiduría para conocer la diferencia”.

 

 

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