DEJA DE MENDIGAR
Nos
dice bellamente, Thomas Szasz: “La plaga de la humanidad es el miedo y el
rechazo a la diversidad”. No hablo del mendigar por dinero o cuando alguien
necesita algo para comer. Es una situación lamentable, pero, no es eterna si se
dan las condiciones sociales y económicas necesarias para sacar de la pobreza a
la gente, esto tiene ver con la estructura social y política. Una excelente
administración política, se preocupa primero por el bien común de su gente,
como, por ejemplo: trabajo, alimento, vivienda, salud, educación.
Es
importante, darles a los ciudadanos, las herramientas para salir de la miseria
y de la pobreza, “no les des pescado, enséñales a pescar” o también de
otra manera "dale un pescado a un hombre y comerá un día; enséñale a
pescar y comerá toda la vida". Este proverbio, enseña la
autosuficiencia y el empoderamiento de la gente a largo plazo. Es una condición
externa. Ninguno debe estar condenado por nadie a pasar hambre y vivir mendigando.
Ni mucho menos permitamos a quienes quieren mantener este sistema de pobreza y
de igualdad. Hablas de ¿Igualdad?
Cuidado
con aquellos que dicen, que luchan por la igualdad. No existe la igualdad,
existe la equidad. Nadie debe pretender que seamos iguales a los demás. ¿Por
qué y para qué ser igual a los otros? Somos diferentes y eso es lo más hermoso
en la humanidad. Y esa es nuestra riqueza, la diferencia no la igualdad. Existe
la diversidad y eso es más importante que la igualdad.
Hay
una frase de Cristo, que llama la atención: “A los pobres los tienen siempre
con ustedes, y podrán ayudarles cuando quieran; pero a Mí no me van a tener
siempre” (Marcos 14,7) Parece que Cristo tenía bien claro, qué significa
ser pobre. Y que siempre habrá gente “pobre”. Todo empieza con el concepto que
tengamos de pobreza. ¿Qué es ser pobre? ¿De qué pobreza hablas? No solamente
existe la pobreza material. Existen muchas más pobrezas en el ser humano.
Bueno,
este es un tema que tiene que ver más con la política y la economía social,
pero, será para otro momento.
“Deja
de mendigar”. Aquí, hablo de algo más profundo. Que toca las fibras más
íntimas del ser humano. Hago referencia a la “necesidad de afecto – amor”.
Muchos desde pequeños crecieron en un ambiente de inseguridad y de amenazas. Se
desarrollaron en ambientes tóxicos y con violencia en el hogar. Con padres
presentes para pelear y gritar, donde el lenguaje diario era la acusación
frecuente. Niños y niñas que, muy poco o jamás escucharon una palabra amable y
de respeto, no les dieron o no tuvieron un gesto de amor y de aprecio. No hubo
abrazos. No hubo un beso. No hubo un te quiero. No hubo una palabra de ánimo y
de reconocimiento. Todo esto conlleva una gran carencia humana, la falta de
afecto. ¿Y qué puede suceder cuando se ha crecido sin afecto, sin amor, sin
aceptación? Pues, el desprecio.
Ojo,
el desprecio empieza por uno mismo. Si hablo de “dejar de mendigar”,
también se traduce como “dejar de despreciarte”. El novelista
polaco-británico Joseph Conrad, nos habla de la vulnerabilidad y la
inestabilidad del ser humano: “La mente del hombre es capaz de todo, porque
todo está en ella, tanto el pasado como el futuro”. Cuando alguien desde
niño, por sus padres o familiares, fue “programado” en hogares donde no
se expresaban con afecto, queda marcado en su vida para “mendigar”. Es
decir, para repetir patrones aprendidos en la infancia, hasta que, en algún
momento, tome conciencia de ello, y pueda darse un cambio radical en su vida, “metanoia”
un giro de 360°. Claro que sí es posible un cambio.
Si
partimos de la siguiente premisa que, varones y mujeres somos seres “completos”;
la siguiente premisa sería; varones y mujeres buscamos la “complementariedad”,
parece una contradicción. No lo es, somos completos y complementarios. El varón
es varón y la mujer es mujer. Pues, ¿Qué puede faltarte para ser varón? Y ¿Qué
puede faltarte para ser mujer? Nada. Simplemente, somos seres invaluables, cada
uno es la otra cara de la moneda, es la complementación. Y ésta es una opción
totalmente libre. No es una obligación. Puedes elegir estar complemente sol@ y
ser feliz. Puedes elegir estar en pareja y ser feliz. O, todo lo contrario.
Estar sol@ y ser infeliz. Estar con pareja y ser infeliz. Toda elección
conlleva una aceptación o un rechazo. Puedes acertar o puedes equivocarte.
Lo
pasado es pasado. Si viviste en situaciones antes descritas, cierra ya ese
capítulo y punto aparte. Deja de tener miedo a equivocarte. Es parte del
aprendizaje. No somos ángeles perfectos, pero, aun así, se equivocan. Somos
humanos con cosas hermosas y no tan hermosas. Veamos un ejemplo, si te dan un
regalo, tienes dos opciones, lo aceptas o lo rechazas. Eres libre para ello. No
estás obligado a recibir todo lo que te dan, aunque sea un regalo. Vayamos por
partes, la vida es un regalo diario, algunos están agradecidos, otros la
maldicen. El estar en pareja es algo muy especial, algunos se aman y otros se
odian. Puedes convertir ese regalo, cualquiera que sea, en algo maravilloso
para tu vida y ser agradecido. O puedes hacer y hacerte un infierno con ello.
Eso se llama elección.
“Dejar
de mendigar” significa. Mírate a ti mismo con aprecio, en primer lugar. Y,
en segundo lugar, acéptate sin condiciones tal cual eres. Y así sucesivamente.
No busques excusas para valorarte. Date tu lugar. Sé tú mismo en todo. Deja de
buscar fuera lo que ya tienes dentro, amor propio y genuino, dignidad y
respeto. Fuera está alguien o algo, que crees que te hará feliz, que te dará todo
lo que no tienes, que te validará y te dará reconocimiento. Eso es efímero. Eso
es suplicar. Pues, te darán solo migajas por tus ruegos, grave error, y mucho
peor es que, cuando ven tu “necesidad afectiva” se aprovecharán de ti
¿Qué crees que recibirás después? Dependencia emocional. Vuelves a repetir el
maldito ciclo familiar. Por favor, rompe esas cadenas de esclavitud efectiva.
Ya es tiempo de dejar que te usen. Aprende a dormir en paz, sin ansiedad, sin
miedo.
Nos
lo recuerda, el psicólogo israelí – estadounidense, Daniel Kahneman, Premio
Nobel de Economía (2002) por integrar la psicología con la ciencia económica. “El
estado de ánimo de la gente está determinado principalmente por su composición
genética y personalidad; en segundo lugar, por su contexto inmediato y sólo en
tercer y cuarto lugar por las preocupaciones, inquietudes y otras cosas por el
estilo”.
Estamos
marcados por el ADN familiar, hay patrones que ya están instalados en el
cuerpo, y que nos llevan a actuar de un modo determinado. Ni bueno ni malo,
estamos influenciados por los genes de nuestros padres y por el medio ambiente
que nos rodea, es decir, estamos “programados” por nuestros genes para
la supervivencia y no para la felicidad. Por lo tanto, se puede desprogramar.
¿Cómo rompemos ese patrón? Pues, cuando somos conscientes de nuestro origen, de
nuestros padres; primero, lo aceptamos y lo integramos en la vida, segundo, no
se trata de rechazar o negar, sino de asumir y elevar nuestro origen.
Es
decir, estas llamado para sanar tus raíces. Tus padres, consciente o
inconscientemente, también dieron lo que a su vez recibieron, tú al ser más
consciente de todo esto, eres el sanador y quien rompa esas cadenas. En
palabras de Carl Gustav Jung, hablando de la sanación interna: “Lo que
niegas te somete, lo que aceptas te transforma. Aquello a lo que te resistes,
persiste”. Es aquí, donde se opera el cambio consciente de mentalidad y de
vida. Lo simple es lo maravilloso.
El
discípulo llamado Julián Marías, del filósofo y ensayista español, José Ortega
y Gasset, nos dice: “Con demasiada frecuencia algunos hombres sacrifican el
ser al ser distintos”. Te explico brevemente su significado. Deja de
mendigar pidiendo miserias ajenas. ¿Acaso estás tan vacío de ti? Deja de
eliminar o inhibir tu personalidad, por querer ser como los demás, distinto
¿Distinto en qué? Deja de rechazarte por tratar de encajar con los demás, si no
encajas, simplemente punto ¿Cuál es el problema? Es decir, pierdes tu esencia y
tu dignidad, pretendiendo ser como los otros. Basta. Eres más valioso de lo que
imaginas. ¡Acéptate!
Recuerda
que, hay algo en ti, tan intrínseco que, jamás se negocia y se llama respeto. Y
si algún día lo pierdes. Hay dos que cosas que hacer: perdónate valientemente y
cierra el capítulo. Levanta la cabeza con distinción y sonríe. Y cuando lo
hagas algo en ti cambiará, tu perspectiva de ver a la gente, y que no solamente
eres distinto, sino único. Todo esto nos lo recuerda Elaine S. Dalton en
su frase: “Si deseas marcar una diferencia en el mundo, debes ser diferente
en el mundo”.
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