sábado, 3 de enero de 2026

CAER LO MÁS BAJO

 


CAER LO MÁS BAJO

 

Hablo de los vicios personales, arraigados en el cuerpo por medio de hábitos, repetidos una y otra vez. Una de las experiencias más dolorosas del ser humano, es una caída y/o recaída de algún vicio o vicios, que por años ya lleva repitiendo. Y cansado de esa vida, quiere salir, pero, no puede, no encuentra el camino, no tiene la fuerza de voluntad. Hay que tener presente que, no todos tienen una fuerza de voluntad tan entrenada. Y el vicio o los vicios pueden ser: el cigarrillo, el alcohol, la droga, el sexo, el mentir, el robar o lo que sea que termina dañando la persona, las ilusiones y a veces, la familia. Es una autodestrucción que va minando la propia salud física, emocional y las relaciones amicales.

 

Tocar fondo. Todo comienza con un simple “un vasito nada más” o “una copa no hace daño” o “una pitadita y punto” o “nos fumamos un puro y eso es todo” o “un rapidito, un ratito nada más y nos despedimos”. Esa copa se convierte en copas, o lo que sea, se convierte en cajas consumidas, finalmente, después del placer del cuerpo, éste termina como trapo estropeado, los bolsillos vacíos y empiezan los lamentos y te lamentas de todo, y te dices “nunca más lo volveré a hacer”, palabras, palabras, palabras solo hay entre tú y yo, descubrimos aquí, la verdadera conexión emocional del cuerpo y las palabras, en la canción romántica de Silvana Di Lorenzo.

 

El ser humano no para hasta que cree que no hay nada más. El cuerpo posee una increíble fuerza interior para conseguir o lograr lo que desea. Muchas veces no mide las consecuencias de sus actos, hasta mucho después de hacer sido éstos consumados. Es parte de la naturaleza el experimentar hasta lo extremo, emoción extrema, pura adrenalina, aún si entiende que puede perder la vida o quedar dañado por ello. Un caso de la vida “de tocar fondo”, cuando alguien está metido en el alcohol o pasado de tragos, y amanece tirado en la vereda, y mientras sueña, cree que está lloviendo, sin embargo, es un perro con la pata levantada que está tirando su orina en la cabeza del borracho. Parece broma y da risa, pero, cuántas veces he sido testigo de perritos o perrones marcando territorio en su árbol caído.

 

Encontrar o reencontrar nuevamente el camino de regreso a la dignidad personal. Recordemos que, cuando uno a si mismo se hace promesas para salir del fondo, pero, vuelve a repetir una y otra vez, sus cuidas ya no son salidas, son repeticiones, es decir, con cada caída va reforzando el patrón. Por lo tanto, tantas promesas vanas, es como para volver a repetir el ciclo. El cuerpo es más adictivo de lo que puedas imaginar. Porque tiene hábitos que arrastra desde años atrás. Los hábitos en el cuerpo son poderosísimos y construyen o destruyen tu “destino”. No es maldición ni que te vaya mal en la vida. Cuando la mente no tiene orden ni claridad en sus objetivos y metas, son tus hábitos asumiendo la “conducción” de tu cuerpo, y hace lo que más le gusta hacer, buscar el placer.

 

“No hay separación de mente y emociones; las emociones, pensamientos y aprendizaje están relacionados” (Eric Jensen) Aquí, un ejemplo de mente – cuerpo, que muchos han experimentado en su propia vida. Puedes aplicarlo a alguien que tiene un vicio o aplicarlo a alguien que está recuperándose de una enfermedad. La mente dice, una y otra vez, y muchas veces conscientemente, debes cambiar de hábitos, te aconsejo el médico, recuerda que, no puedes continuar así, ya es momento de un cambio, te estás haciendo mucho daño, etc.; pero, el cuerpo le responde, no es momento de cambiar, todo tiene su tiempo, aún no necesito cambiar estoy bien, no pasa nada, un poco más, más adelante ya cambiaré, déjenme tranquilo, no necesito sus consejos, etc.; y cuando menos lo piensas, ya estás actuando como siempre lo has hecho.

 

El médico o el nutricionista o un consejero, te dijo: nada de azúcar, nada de sal, nada de grasa (la mente entiende y sabe las consecuencias), pero, el cuerpo, el primer día obedece, el segundo día y en adelante, es rico el azuquítar, es agradable lo saladito, y mucho más rico un chicharroncito. El cuerpo toma el mando y asume lo que es mejor para su vida (el cuerpo entiende y busca lo que le da placer). Hemos escuchado la consabida frase “de algo hay que morir”. Y volvemos a la rutina diaria que, es más segura que el cambio. Todo cambio para algunos asusta, fastidia e incomoda. Algo semejante sucede, cuando pasado un tiempo de vida, dicen algunos para si para para concurrencia , voy a bajar de peso, estoy con barriguita chelera. Se inscribió en el gimnasio, la primera semana a duras penas, las siguientes no vale la pena tanto sacrificio, estoy bien.

 

El cuerpo busca el placer, aunque “sabe” que puede terminar mal. El cuerpo es más sincero de lo que podemos imaginar. El cuerpo no miente, las palabras sí. No está con rodeos, se lanza y punto. La naturaleza es rebelde, lo vemos en los propios animales, que con su instinto terminan destruyéndose mutuamente, y lo vemos en las plantas, que necesitan ser podadas para mejorar su desarrollo y producción. El cuerpo humano que, no ha sido disciplinado desde pequeño, repetirá patrones aprendidos desde la niñez, guste o no, está orientado a hacer lo que mejor le venga en gana, para si mismo y para con los demás. Buscará construirse o destruirse. Pues, hará lo mejor sabe hacer. Sentirse placentero.

 

Somos humanos, no robots. Es cierto que, tenemos una gran diferencia con las máquinas, y se llama conciencia; somos conscientes, nos damos cuenta, de nuestros actos y palabras, por supuesto, todo esto, mientras no perdamos la conciencia de quienes somos. Es importante entender que, todo cambio, empieza cuando toma conciencia de su vida y de sus errores. Y todo cambio se opera cuando tú decides cambiar. Decisión propia no ajena. No desde los consejos u orientaciones que te dan. Si no, desde el momento en que tú crees que ya es momento de un cambio en tu vida, en tus hábitos, entonces, todo en ti se orienta hacia ello. Nadie puede obligarte a cambiar sino es decisión tuya. Conciencia y decisión. Mente y cuerpo.

 

Viene a mi memoria, la parábola de Lucas 15,11-32, “El hijo pródigo”, aunque algunos lo titulan como “El padre bondadoso”. El hijo sabe lo que pidió al padre, su herencia; además, sabe hacia donde se dirige, a malgastar sus bienes y buscar placeres. Cae en una situación lamentable, no tiene qué comer, busca comida entre los chanchos y se lo impiden. Reflexiona, y toma conciencia de su situación de abandono. Vuelve al recuerdo, en la casa de mi padre sí hay comida. Decisión de volver, se pone en camino. Pide perdón. Se arrepiente. Busca bondad y aceptación. Toma conciencia de su dignidad de hijo.

 

Hizo lo que quiso con sus bienes y su cuerpo, porque creyó que eso era lo mejor para él, disfrutar a su modo de la vida, luego, tomó conciencia de su situación de abandono, cayó lo más bajo que pudo, y volvió cuando él quiso regresar. En este caso, nadie lo obligó a regresar ni siquiera hubo consejos, pero, si hubo autorreflexión y autodeterminación. No importa si fue el hambre, su dignidad o sus ganas de vivir lo que lo llevó a regresar, pero, lo hizo. Tomó la iniciativa de levantarse, de dar los primeros pasos. Libertad y decisión. Voluntad y disciplina.

 

La experiencia propia, es la mejor maestra de la vida. No puedes afirmar que tu vida no te ha enseñado nada. Ha sido tu mejor maestra, pero, poco has hecho con esa enseñanza. Cuando tomas conciencia de tu enseñanza de vida, ésta se convierte en aprendizaje para ti. Para mejorar y para retarte a ser mejor que ayer. No se puede pensar que todos pasan las mismas experiencias. No. Es como pensar que todos deben tomar las mismas medicinas para sanar un dolor. Cada experiencia es algo maravilloso, pues, te deja una lección, no hay experiencias ni buenas ni malas, todo depende de cómo la percibes y qué aprendes de ello. Esa fue la lección que tenías que aprender y vino en forma de vida, personas o situaciones. Así que, nuevamente, agradecido maestra vida. Enseñas con una sonrisa o con dolor. Es elección. Es aprendizaje.

 

Hemos escuchado, el dicho popular, aunque para otros es un refrán, el “árbol que nace torcido, jamás el tronco endereza”. Podemos pensar que, lo torcido no puede enderezarse por los hábitos, costumbres o defectos bien arraigos desde la edad más temprana. Todo esto porque no fue bien educado y orientado en el hogar desde pequeño. Sin embargo, esta frase también es cuestionada por aquellos que no creen en el determinismo.

Según la RAE, el determinismo “es una doctrina filosófica que sostiene que todos los eventos, especialmente las acciones humanas, están inevitablemente predeterminados con anterioridad, sin posibilidad de azar, esto, se opone al libre albedrío”.

 

Damas y caballeros, en este planeta tierra, por lo menos en lo que conocemos, no negamos la existencia inteligente en otros planetas, nada está determinado, porque cada ser humano determina lo que quiere para sí mismo, porque el ser humano sí es capaz de su propia autodeterminación y cambio en su persona si es que así se lo propone. “Es un deber del hombre el emprender la conquista de su personalidad; es menester que su desarrollo sea su obra propia” (Pierre-Simón Ballanche) Tengamos presente que, somos seres inteligentes únicos, capaces de auto transformarnos desde lo más profundo de nuestro ser. Esto se llama libre albedrío. Libre decisión.

 

Finalmente, tú puede transformar tu vida. Puedes cuestionarte todo lo que quieras, y está bien. Es necesario que nos cuestionemos sobre la propia vida y su existencia. Tú eres tu propio autor. Tú eres el actor principal de tu vida. Tú eres el público más exigente que puedas tener. Tú puedes pedir S.O.S si crees que lo necesitas. Tú eres el gran triunfador o lo contrario. Puedes desafiarte en tu diario quehacer o simplemente llevar una vida “tranquila” sin mayores riesgos y cambios. Pero, hazlo tú, que nadie lo haga por ti. Ese es el reto si has caído en lo más bajo. De contrario felicidades, eres casi un ángel.

 

 

 

 

 

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