CAER LO MÁS BAJO
Hablo
de los vicios personales, arraigados en el cuerpo por medio de hábitos, repetidos
una y otra vez. Una de las experiencias más dolorosas del ser humano, es una
caída y/o recaída de algún vicio o vicios, que por años ya lleva repitiendo. Y cansado
de esa vida, quiere salir, pero, no puede, no encuentra el camino, no tiene la
fuerza de voluntad. Hay que tener presente que, no todos tienen una fuerza de
voluntad tan entrenada. Y el vicio o los vicios pueden ser: el cigarrillo, el
alcohol, la droga, el sexo, el mentir, el robar o lo que sea que termina
dañando la persona, las ilusiones y a veces, la familia. Es una autodestrucción
que va minando la propia salud física, emocional y las relaciones amicales.
Tocar
fondo. Todo comienza con un simple “un vasito nada más” o “una copa no hace
daño” o “una pitadita y punto” o “nos fumamos un puro y eso es todo” o “un
rapidito, un ratito nada más y nos despedimos”. Esa copa se convierte en copas,
o lo que sea, se convierte en cajas consumidas, finalmente, después del placer
del cuerpo, éste termina como trapo estropeado, los bolsillos vacíos y empiezan
los lamentos y te lamentas de todo, y te dices “nunca más lo volveré a hacer”,
palabras, palabras, palabras solo hay entre tú y yo, descubrimos aquí, la
verdadera conexión emocional del cuerpo y las palabras, en la canción romántica
de Silvana Di Lorenzo.
El
ser humano no para hasta que cree que no hay nada más. El cuerpo posee una increíble
fuerza interior para conseguir o lograr lo que desea. Muchas veces no mide las
consecuencias de sus actos, hasta mucho después de hacer sido éstos consumados.
Es parte de la naturaleza el experimentar hasta lo extremo, emoción extrema,
pura adrenalina, aún si entiende que puede perder la vida o quedar dañado por
ello. Un caso de la vida “de tocar fondo”, cuando alguien está metido en el
alcohol o pasado de tragos, y amanece tirado en la vereda, y mientras sueña,
cree que está lloviendo, sin embargo, es un perro con la pata levantada que
está tirando su orina en la cabeza del borracho. Parece broma y da risa, pero, cuántas
veces he sido testigo de perritos o perrones marcando territorio en su árbol caído.
Encontrar
o reencontrar nuevamente el camino de regreso a la dignidad personal. Recordemos
que, cuando uno a si mismo se hace promesas para salir del fondo, pero, vuelve
a repetir una y otra vez, sus cuidas ya no son salidas, son repeticiones, es
decir, con cada caída va reforzando el patrón. Por lo tanto, tantas promesas
vanas, es como para volver a repetir el ciclo. El cuerpo es más adictivo de lo
que puedas imaginar. Porque tiene hábitos que arrastra desde años atrás. Los hábitos
en el cuerpo son poderosísimos y construyen o destruyen tu “destino”. No es maldición
ni que te vaya mal en la vida. Cuando la mente no tiene orden ni claridad en
sus objetivos y metas, son tus hábitos asumiendo la “conducción” de tu cuerpo,
y hace lo que más le gusta hacer, buscar el placer.
“No hay separación de mente y
emociones; las emociones, pensamientos y aprendizaje están relacionados” (Eric Jensen) Aquí, un ejemplo de mente – cuerpo, que muchos han experimentado en su propia
vida. Puedes aplicarlo a alguien que tiene un vicio o aplicarlo a alguien que
está recuperándose de una enfermedad. La mente dice, una y otra
vez, y muchas veces conscientemente, debes cambiar de hábitos, te aconsejo el
médico, recuerda que, no puedes continuar así, ya es momento de un cambio, te
estás haciendo mucho daño, etc.; pero, el cuerpo le responde, no es
momento de cambiar, todo tiene su tiempo, aún no necesito cambiar estoy bien, no
pasa nada, un poco más, más adelante ya cambiaré, déjenme tranquilo, no necesito
sus consejos, etc.; y cuando menos lo piensas, ya estás actuando como siempre
lo has hecho.
El
médico o el nutricionista o un consejero, te dijo: nada de azúcar, nada de sal,
nada de grasa (la mente entiende y sabe las consecuencias), pero, el cuerpo, el
primer día obedece, el segundo día y en adelante, es rico el azuquítar, es
agradable lo saladito, y mucho más rico un chicharroncito. El cuerpo toma el
mando y asume lo que es mejor para su vida (el cuerpo entiende y busca lo que
le da placer). Hemos escuchado la consabida frase “de algo hay que morir”.
Y volvemos a la rutina diaria que, es más segura que el cambio. Todo cambio
para algunos asusta, fastidia e incomoda. Algo semejante sucede, cuando pasado
un tiempo de vida, dicen algunos para si para para concurrencia , voy a bajar
de peso, estoy con barriguita chelera. Se inscribió en el gimnasio, la primera
semana a duras penas, las siguientes no vale la pena tanto sacrificio, estoy
bien.
El
cuerpo busca el placer, aunque “sabe” que puede terminar mal. El cuerpo es más
sincero de lo que podemos imaginar. El cuerpo no miente, las palabras sí. No está
con rodeos, se lanza y punto. La naturaleza es rebelde, lo vemos en los propios
animales, que con su instinto terminan destruyéndose mutuamente, y lo vemos en
las plantas, que necesitan ser podadas para mejorar su desarrollo y producción. El
cuerpo humano que, no ha sido disciplinado desde pequeño, repetirá patrones
aprendidos desde la niñez, guste o no, está orientado a hacer lo que mejor le
venga en gana, para si mismo y para con los demás. Buscará construirse o
destruirse. Pues, hará lo mejor sabe hacer. Sentirse placentero.
Somos
humanos, no robots. Es cierto que, tenemos una gran diferencia con las máquinas,
y se llama conciencia; somos conscientes, nos damos cuenta, de nuestros actos y
palabras, por supuesto, todo esto, mientras no perdamos la conciencia de
quienes somos. Es importante entender que, todo cambio, empieza cuando toma
conciencia de su vida y de sus errores. Y todo cambio se opera cuando tú decides
cambiar. Decisión propia no ajena. No desde los consejos u orientaciones que te
dan. Si no, desde el momento en que tú crees que ya es momento de un cambio en
tu vida, en tus hábitos, entonces, todo en ti se orienta hacia ello. Nadie puede
obligarte a cambiar sino es decisión tuya. Conciencia y decisión. Mente y
cuerpo.
Viene
a mi memoria, la parábola de Lucas 15,11-32, “El hijo pródigo”, aunque
algunos lo titulan como “El padre bondadoso”. El hijo sabe lo que pidió al
padre, su herencia; además, sabe hacia donde se dirige, a malgastar sus bienes
y buscar placeres. Cae en una situación lamentable, no tiene qué comer, busca
comida entre los chanchos y se lo impiden. Reflexiona, y toma conciencia de su
situación de abandono. Vuelve al recuerdo, en la casa de mi padre sí hay comida.
Decisión de volver, se pone en camino. Pide perdón. Se arrepiente. Busca bondad
y aceptación. Toma conciencia de su dignidad de hijo.
Hizo
lo que quiso con sus bienes y su cuerpo, porque creyó que eso era lo mejor para
él, disfrutar a su modo de la vida, luego, tomó conciencia de su situación de abandono,
cayó lo más bajo que pudo, y volvió cuando él quiso regresar. En este caso, nadie
lo obligó a regresar ni siquiera hubo consejos, pero, si hubo autorreflexión y autodeterminación.
No importa si fue el hambre, su dignidad o sus ganas de vivir lo que lo llevó a
regresar, pero, lo hizo. Tomó la iniciativa de levantarse, de dar los primeros
pasos. Libertad y decisión. Voluntad y disciplina.
La
experiencia propia, es la mejor maestra de la vida. No puedes afirmar que tu
vida no te ha enseñado nada. Ha sido tu mejor maestra, pero, poco has hecho con
esa enseñanza. Cuando tomas conciencia de tu enseñanza de vida, ésta se
convierte en aprendizaje para ti. Para mejorar y para retarte a ser mejor que
ayer. No se puede pensar que todos pasan las mismas experiencias. No. Es como
pensar que todos deben tomar las mismas medicinas para sanar un dolor. Cada experiencia
es algo maravilloso, pues, te deja una lección, no hay experiencias ni buenas
ni malas, todo depende de cómo la percibes y qué aprendes de ello. Esa fue la
lección que tenías que aprender y vino en forma de vida, personas o situaciones.
Así que, nuevamente, agradecido maestra vida. Enseñas con una sonrisa o con
dolor. Es elección. Es aprendizaje.
Hemos
escuchado, el dicho popular, aunque para otros es un refrán, el “árbol que
nace torcido, jamás el tronco endereza”. Podemos pensar que, lo torcido no
puede enderezarse por los hábitos, costumbres o defectos bien arraigos desde la
edad más temprana. Todo esto porque no fue bien educado y orientado en el hogar
desde pequeño. Sin embargo, esta frase también es cuestionada por aquellos que
no creen en el determinismo.
Según
la RAE, el determinismo “es una doctrina filosófica que sostiene que todos
los eventos, especialmente las acciones humanas, están inevitablemente
predeterminados con anterioridad, sin posibilidad de azar, esto, se opone al
libre albedrío”.
Damas
y caballeros, en este planeta tierra, por lo menos en lo que conocemos, no
negamos la existencia inteligente en otros planetas, nada está determinado, porque
cada ser humano determina lo que quiere para sí mismo, porque el ser humano sí
es capaz de su propia autodeterminación y cambio en su persona si es que así se
lo propone. “Es
un deber del hombre el emprender la conquista de su personalidad; es menester
que su desarrollo sea su obra propia” (Pierre-Simón Ballanche) Tengamos presente que, somos seres inteligentes únicos, capaces de auto
transformarnos desde lo más profundo de nuestro ser. Esto se llama libre
albedrío. Libre decisión.
Finalmente,
tú puede transformar tu vida. Puedes cuestionarte todo lo que quieras, y está
bien. Es necesario que nos cuestionemos sobre la propia vida y su existencia. Tú
eres tu propio autor. Tú eres el actor principal de tu vida. Tú eres el público
más exigente que puedas tener. Tú puedes pedir S.O.S si crees que lo necesitas.
Tú eres el gran triunfador o lo contrario. Puedes desafiarte en tu diario quehacer
o simplemente llevar una vida “tranquila” sin mayores riesgos y cambios. Pero,
hazlo tú, que nadie lo haga por ti. Ese es el reto si has caído en lo más bajo.
De contrario felicidades, eres casi un ángel.
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