UN TAYTACHA, LLAMADO JESÚS DE
NAZARETH
Hablamos y nos
entendemos en lenguaje humano. No hablamos el lenguaje de Dios, porque no lo
conocemos desde nuestras limitaciones humanas. Ni siquiera somos capaces de
comprender el lenguaje angelical. Por supuesto, hasta para referirnos a lo
divino y lo espiritual, nuestra lengua es bastante limitada. Así somos los
humanos muy limitados para expresar categorías y estados, que rebasan nuestra
materialidad.
Hablar de Jesús, es
hablar del hombre histórico. No es invención humana. Vivió en un determinado
tiempo. Perteneció a la raza judía. Su pueblo estuvo bajo a opresión del
imperio romano. Dividió la historia en un antes y un después. Pasó por este
planeta tierra haciendo el bien. Murió en la cruz defendiendo la verdad. Era
tan amado como tan odiado. Sus enemigos religiosos pidieron su muerte porque no
soportaban su presencia y su testimonio de vida.
Cómo es posible que
un Dios tan lejano, temido y vengador en el Antiguo Testamento. Inmenso y
grandioso que no necesita nada de lo material, se encarne en el seno de María
Santísima. Se haga un niño pequeño e indefenso. Un Dios que se “encarna” como
hombre, que tiene hambre, sed, se cansa, tiene rabia y se molesta por la
hipocresía de su gente, que tiene predilección de los más débiles y
abandonados, los niños, las mujeres, los marginados, los enfermos.
Un Jesús que, cuando
inicia su vida pública, tiene aproximadamente unos 30 años, y solamente tiene 3
años para dar a conocer todo lo que vino a comunicar sobre su Padre celestial.
Que se rodea de hombres, dedicados a la pesca, sencillos sin formación alguna,
excepto, con ganas de liberar al pueblo del señorío romano. Ellos esperaban un
libertador, un caudillo, un líder con poder, como para derrotar ejércitos
poderosos. Ese hombre no es lo piensan, es humilde y sencillo, pero, tiene un
gran poder en su palabra, los llama por su nombre, le siguen y creen en Él.
La naturaleza humana,
a veces, impredecible, puede “confundir” por sus apariencias. No siempre
interpretamos lo que vemos, oímos y experimentamos de manera correcta. Cada persona
tiene su propia verdad y su propia manera de observar las cosas. Podemos tener
una primera impresión y quedarnos con ella o simplemente, nuestra percepción va
cambiando con el tiempo. Jesús, hablaba con autoridad, y recalcaba: “tu fe
te ha sanado”. Daba una profundidad inmensa a las creencias humanas. El hombre
que tiene fe, “puede mover montañas”.
Cuando te propones lograr algo en la vida,
sabes que puedes conseguirlo. Te tienes fe y confianza. Cuando asumes decididamente
un propósito o una meta, el camino se abre paso a paso. La frase "la fe
mueve montañas" proviene de Mateo 17,20 donde Jesús afirma que
incluso una fe pequeña, como una semilla de mostaza, puede superar obstáculos
imposibles. No se refiere a un poder mágico personal, sino a confiar en Dios
para superar desafíos y pruebas difíciles, permitiendo que su poder actúe. La fe
es poder interno, y pide que des el primer paso, “confiar en que sí es
posible”.
Hay muchos relatos en donde Jesús, verdadero
hombre, muestra abiertamente su poder divino, es hombre como cualquiera
aparentemente, pero, no oculta su poder, sabe cuándo su energía sale de Él. En el
Evangelio de Lucas 7,50 se nos narra, al final del versículo, la historia de la
mujer pecadora que unge los pies de Jesús en casa de Simón el fariseo. Jesús le
dice: "Tu fe te ha salvado, vete en paz", destacando que su amor y fe
genuina le han traído el perdón y la salvación.
En otro pasaje tenemos, la historia de la
mujer hemorroísa contada por el Evangelista san Marcos 5,25-34 es una
profunda reflexión sobre la fe audaz, la superación del miedo y la restauración
integral. Tras 12 años de enfermedad, exclusión social y pobreza, su convicción
de que tocar el manto de Jesús la sanaría movió el poder divino. Jesús no solo
sanó su cuerpo, sino que restauró su identidad al llamarla "hija", devolviéndole
su dignidad pública. Aquí, tenemos la fe que vence obstáculos, a pesar de su debilidad física, la multitud y las restricciones
religiosas que la consideraban "impura", ella se abrió paso con
valentía. La fe actúa a pesar del miedo y las circunstancias adversas.
Esto nos demuestra, el “equilibrio perfecto”
del Maestro entre sus pensamientos, sus acciones, y la paz del corazón. Nada turba
su corazón, excepto la compasión por los más necesitados. Los relatos nos
muestran a un Jesús súper concentrado en sus acciones cotidianas y atento a
todo lo que sucede a su alrededor. Es hombre para los demás. Nada le puede
pasar desapercibido. Aquí, críticos como Ellen Langer, en su trabajo sobre la
atención plena, argumentan que un control rígido puede sofocar la flexibilidad
y la creatividad en el crecimiento personal y el logro. En Langer, E. J. (1989)
"Atención plena".
Lo más impresionante con el Jesús histórico es
la experiencia que viven aquellos que lo buscan y lo tratan. Lo escuchan con una actitud de arrobamiento,
es decir, éxtasis, embeleso, enajenación, fascinación, admiración, pasmo,
estupor. Es la experiencia vivencial de cada personaje que, encuentra en Jesús
ese acercamiento de temor y amor. Jesús,
no deja a nadie indiferente. La fe rompe barreras, para elevarnos a conseguir
lo que parece imposible a simple vista. Nos dice Amy Poehler
“Si puedes bailar, ser libre y no sentir vergüenza, el mundo entero puede ser
tuyo”.
San Lucas 24, 13-35
narra en encuentro del resucitado con los discípulos de Emaús. “¿No ardía
nuestro corazón en el camino mientras nos explicaba las Escrituras?” . La frase refleja una
experiencia profunda de encuentro con la palabra de Jesús, como en el relato de
Emaús. El corazón arde al escuchar la Palabra explicada con amor y verdad,
señalando un despertar espiritual y emocional. Este fuego interior simboliza la
transformación que ocurre cuando la fe se vuelve viva y personal, no solo
intelectual. Buscar este encendido del corazón implica acoger la enseñanza con
humildad y disponibilidad.
Amor y miedo. Miedo y amor. La dualidad y la polaridad
en la existencia y la naturaleza creada. Jesús, el Dios – hombre, plenamente
humano, proyecta un amor incondicional que busca el bienestar de la persona, y
un "temor" entendido no como miedo paralizante, sino como reverencia,
respeto y la urgente necesidad de seguir sus enseñanzas. La impresión que deja Jesús,
es indescriptible. El amor perfecto de Dios busca eliminar el temor al castigo,
transformando el miedo en confianza y obediencia amorosa. Imposible no estar
ante Jesús y no sentir, que solamente su presencia, puede transformar como el
fuego.
Como ciudadanos de este planeta tierra,
entendemos algo importante, como “No tienes que ser
excelente en algo para empezar, pero sí tienes que empezar para llegar a ser
excelente en algo”. Palabras de Zig Ziglar. El proceso
de Jesús para alcanzar un cierto grado de calidad de vida y perfección humana,
no se dio de un momento a otro. Hay aproximadamente 18 años de vida oculta, que
no sabemos, a ciencia cierta, qué es lo que realmente pasó o dónde estuvo o
dónde se formó o estudió.
La "vida oculta" de Jesús, es
decir, los años no documentados en los Evangelios bíblicos, de los 12 a los 30
años, describiendo una existencia ordinaria en Nazaret como carpintero. Tenemos el episodio del Templo, el único evento detallado de su adolescencia, donde se encuentra con
los doctores en Jerusalén a los 12 años, mostrando una sabiduría temprana. El
pasaje de Jesús entre los doctores de la ley, según san Lucas 2,41-50 narra
cuando, Jesús permaneció en el Templo de Jerusalén tras la Pascua, asombrando a
los maestros religiosos con su sabiduría durante tres días. Fue hallado por
María y José, declarando que debía ocuparse de las cosas de su Padre.
Existe una Teoría
Alternativa, en el libro “La vida secreta de Jesús” de Nicolás
Notovitch (1858–1916), quien afirmó haber descubierto en el siglo XIX un
manuscrito tibetano en el monasterio de Hemis que relataba una supuesta
estancia de Jesús en la India y el Tíbet durante su juventud, basándose en
supuestos manuscritos budistas. Aunque sus afirmaciones fueron ampliamente
cuestionadas y desacreditadas por especialistas, su libro “El Misterio de Jesús en el Tíbet”, generó
un intenso debate sobre la vida de Jesús fuera de los registros bíblicos. Su
obra sigue siendo objeto de interés para investigadores de mitos religiosos y
esoterismo.
Un hombre querido y odiado. Jesús de Nazaret
es una figura histórica, amada por sus seguidores como el Mesías Salvador y, al
mismo tiempo, odiada y rechazada por desafiar el statu quo, los poderes
religiosos y las lógicas humanas de poder. Nos dice Josh
Billings: “Sé cómo una estampilla de correo. Pégate a lo que quieras y no te
salgas hasta que hayas llegado”. Jesús fue fiel a la Palabra de su Padre. Mostró
compasión por los marginados; amó a sus enemigos, alimentó a la multitud y
aceptó como amigos a los recaudadores de impuestos y pecadores.
Su mensaje es revolucionario, novedoso y “peligroso”,
porque trastorna y trastoca el pensar y el sentir de la época, pues, ante el
común “ojo por ojo, diente por diente” del Éxodo 21,24; Levítico 24,20
la “Ley del talión”; Jesús, levanta su voz y se opone radicalmente a esa
manera de juzgar, pues, es la venganza disfrazada de ley, porque permite el abuso
de poder. Él no soporta esta forma de pensar arcaica, aunque en la antigüedad haya
estado justificada, por la maldad de los hombres. En san Mateo 5,38-42 Jesús, contrapone
este principio con el amor y el perdón, enseñando a no resistirse al mal y a
poner la otra mejilla.
Esta nueva forma de
pensar, que propone Jesús, y sobre todo de vivir respetando al prójimo, no
importando su condición social y religiosa, es un tremendo desafío a las
autoridades que tienen el poder político – religioso. Ellos jamás tolerarán, de
Jesús, esta falta de reverencia y respeto al “dios del antiguo testamento”.
Son sus creencias bien arraigadas que nunca cambiarán, pues, no les conviene
cambiar, y deciden matar a Aquel hombre, bueno y generoso, antes que cambiar un
ápice de la ley, porque Jesús, para ellos, les es muy incómodo, no soportan a
quien les “abre la mente y el corazón”.
Además, sus seguidores
encuentran en Él, un modelo de amor, perdón y la promesa de vida eterna.
En el Sermón de la montaña, Jesús toma la idea veterotestamentaria de “ojo por
ojo, diente por diente” y la transforma en una enseñanza más exigente, es
decir, pasar de una justicia basada en la represalia a una ética basada en el amor y la respuesta no violenta. Su mensaje de
arrepentimiento, perdón, amor y justicia con los más necesitados, hace que dichas
autoridades político – religiosas, vean en Jesús, un enemigo peligrosísimo, y
que hay que “desaparecerlo” cuanto antes del medio, pues, les está arruinando
el negocio de la religión, de enriquecerse a costa del pueblo.
La frase "mejor que muera un solo
hombre por el pueblo, y no que toda la nación sea destruida" es una
declaración de guerra y violencia, atribuida a Caifás, el sumo sacerdote, “el representante de Dios en la tierra”, pues, él decidió
que Jesús debía morir si o si, esto está en el Evangelio de san Juan 11,50. La frase
está contextualizada antes de la Pascua tras la resurrección de Lázaro; Caifás,
buscaba justificar la muerte de Jesús para evitar la intervención romana. Curiosa
y lamentablemente, con la declaración de su maldad, profetizó la muerte cruenta
de Jesús en la Cruz.
Históricamente, las palabras y los actos que
Jesús realizó, provocaron con ello, persecución y crucifixión, y según la
creencia, Jesús, genera rechazo en un mundo hostil. Un corazón manchado de
sangre, odio, venganza, cegado por el poder, el placer y el desprecio, jamás reconocerá
la bondad y el amor de Jesús. Sus enemigos estaban en el poder, eran las
autoridades judías, tenían el poder y desde allí amenazaban. Susurraban en voz
alta para ser oídos y azuzar al pueblo para levantarse contra Jesús. Éste no
les tenía miedo. Abiertamente predicaba en las plazas el reino de Dios, sanaba
los enfermos. Pero, ellos tramaban, sin recato alguno, ya su muerte. Ya habían
puesto precio a su vida.
En la cruz, Jesús,
experimentará la "noche
oscura del alma” un concepto místico descrito principalmente por San Juan de la Cruz. Se
refiere a un proceso de purificación espiritual, sequedad y aparente abandono
de Dios, esencial para la unión mística. Es un período de
profunda aridez espiritual donde el alma siente que Dios está ausente, lo que
purifica de apegos sensibles y espirituales. No es abandono real, sino una
"luz superior" que ciega para transformar al alma, despojándola de
seguridades para unirse a Dios.
En la “cruz” pasan muchas cosas. Es el momento
más sacral, más íntimo y doloroso de Jesús hombre, y muestra su “desnudez” del
cuerpo y del alma. No hay momento más increíblemente humano que, el paso de la
vida a la muerte. Mostramos toda la mortalidad de esta vida efímera. Es el gran
misterio del velo final de la vida. Es el principio de la verdadera vida, porque
todo lo vivido es un sueño. Jesús, en su camino al calvario, fue despojado de
todo, no tenía nada, y decide que, es el momento de despojarse de lo más amado,
su madre, María santísima, queda en manos de Juan, el discípulo más querido del
Maestro. Ahora, Jesús, está listo para partir.
Es en este momento sublime y más terrenal que
nunca por la desolación del alma, que se escucha la voz potente y desgarradora,
de Jesús, desde la cruz: "Eloi, Eloi, lama sabachthani", es
una frase pronunciada en arameo, registrada por los Evangelios de Marcos 15,34
y Mateo 27,46 que, significa: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has
abandonado?". Es un grito de profunda angustia humana y dolor físico,
marcando la cuarta de sus siete palabras finales. Esta frase, es el inicio
del Salmo 22, un lamento profético que expresa el sentimiento de desamparo
divino en medio del sufrimiento extremo.
Un Dios – hombre, encarnado como verdadero humano
siendo Dios, nacido en Belén, criado y educado en Nazareth que, siendo recién
un niño, huyó con sus padres María y José, a Egipto porque Herodes lo quería
matar. Pero, por ironías de la vida, no pudo escapar del odio de sus
compatriotas que lo entregaron a Pilato, otro romano y extranjero, que se lavó
las manos, creyendo que era inocente, pero, no reconoció que mandó a matar a un
verdadero inocente. Y murió en la cruz, como un malhechor y gente de mal vivir.
Este es el gran misterio del encarnado Dios en el seno de una jovencita,
llamada María.
María, una mujer llena de fe, cobijó su divinidad,
y sin pedir nada a cambio, lo asumió como su primogénito, y Jesús, lleno de amor
y de compasión, asumió su humanidad, y sin pedir nada a cambio le ofreció su eternidad.