lunes, 6 de abril de 2026

LA PAZ ES UN ESTADO INTERIOR

 


LA PAZ ES UN ESTADO INTERIOR

 

La búsqueda de la paz interior es, posiblemente, uno de los viajes más honestos y complejos que podemos emprender. No es un estado estático ni una meta que se alcanza y se "guarda" para siempre; es más bien una habilidad dinámica y una forma de relacionarse con la realidad. Para comprender si realmente se puede entender y vivir, es útil desglosarlo desde tres perspectivas:

 

1. ¿Se puede entender la paz interior?

Más que una definición teórica, la paz interior se entiende como la ausencia de conflicto interno.

 

No es ausencia de problemas:

Un error común es creer que la paz llega cuando la vida externa es perfecta. La verdadera paz se entiende cuando comprendemos que el caos exterior no tiene por qué dictar el clima interior.

 

Aceptación radical:

Entender la paz es aceptar la transitoriedad. Es saber que las emociones (tristeza, alegría, ira) son como el clima: cambian constantemente, pero nosotros somos el cielo que las contiene.

 

2. ¿Se puede vivir la paz interior?

La respuesta corta es sí, pero no como un estado de "trance" permanente, sino a través de prácticas de regulación:  

 

La coherencia interna:

Se vive paz cuando lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos están alineados. El mayor ladrón de paz es la disonancia entre nuestros valores y nuestras acciones.

 

El enfoque en el presente:

La ansiedad suele ser un exceso de futuro y la culpa un exceso de pasado. Vivir la paz implica entrenar la mente para regresar al "aquí y ahora".

 

Límites saludables:

Vivir en paz requiere la valentía de decir "no" a situaciones o entornos que erosionan nuestra serenidad, protegiendo nuestro espacio mental.

 

3. La paz como un músculo

Es importante ver la paz interior como una capacidad que se fortalece. En momentos de calma es fácil sentirla, pero su verdadero valor aparece en la adversidad. "La paz no es el refugio contra la tormenta, sino la calma en el centro de ella."

 

La paz interior es un estado de equilibrio emocional y mental que permite sentir bienestar, calma y claridad, incluso en medio de la adversidad. Se logra al cultivar el autocontrol, gestionar las emociones y mantener una conexión con valores profundos o espirituales. Como señala el primer resultado, incluso en batallas intensas, el creyente busca conservar la paz del corazón para permitir que una fuerza superior actúe. Esta paz no depende del entorno externo, sino de la capacidad de estar presente, consciente y en armonía consigo mismo.

 

4. ¿Cómo se diferencia la paz interior de la ausencia de conflictos?

 

La paz interior no es lo mismo que no tener conflictos.

 

Ausencia de conflictos:

Significa que “no pasa nada” alrededor. Es una condición externa. Si cambian las circunstancias (problemas, discusiones, estrés), la calma suele desaparecer.

 

Paz interior:

Es un estado interno de equilibrio emocional y mental. Puedes tener conflictos externos y aun así mantener claridad, autocontrol y capacidad de responder con serenidad.

 

5. ¿Qué prácticas diarias fomentan la paz interior?

 

Aquí tienes prácticas diarias (simples y sostenibles) que suelen fomentar la paz interior:

 

Respiración consciente (2–5 min al día)

Dedica unos minutos a respirar lento y observar la sensación del aire en el cuerpo. Cuando aparezcan pensamientos, vuelve a la respiración sin pelearte con ellos.

 

Pausa antes de reaccionar

Antes de responder a alguien o actuar por impulso, haz una micro – pausa de 5–10 segundos. Esto ayuda a que la emoción baje y aparezca más claridad.

 

Higiene mental: “descargar” pensamientos

Un diario breve (3–5 minutos) donde escribes:

ü Que te preocupa,

ü Que controlas y qué no,

A veces solo ponerlo en palabras reduce la carga interna.

 

Gratitud práctica (1–3 cosas al día)

Anota al menos una cosa que valoras (aunque sea pequeña). Entrena al cerebro a detectar recursos, no solo problemas.

 

Movimiento suave

Caminar, estirarte o hacer 10–15 minutos de ejercicio ligero. El cuerpo regula parte del sistema nervioso: la calma suele mejorar “desde adentro”.

 

Alimentar la atención (sin multitarea)

Elige una cosa al día para hacerla sin distracciones (Ej.: té, ducha, caminar, comer). La paz interior crece con presencia real.

 

Conexión con valores o espiritualidad (breve)

Oración, lectura inspiradora o una intención diaria (Ej.: “Hoy responderé con paciencia”). No tiene que ser largo: importa la consistencia.

 

Cierre del día (ritual de 2 minutos)

Pregúntate:

ü ¿Qué estuvo bien hoy?

ü ¿Qué puedo soltar?

ü ¿Qué haré mañana para estar mejor?

Esto evita que la mente siga “encendiendo” preocupaciones.

 

6. ¿Puede la paz interior existir sin fe o espiritualidad?

 

Sí, la paz interior puede existir sin fe o espiritualidad. La espiritualidad puede ser una vía para algunas personas, pero no es un requisito. En términos prácticos, la paz interior puede surgir de habilidades y condiciones como:

 

Regulación emocional: 

Jamás dejes de aprender a reconocer lo que sientes y manejarlo sin que te arrastre (respiración, pausa, reencuadre).

 

Autoconocimiento y valores: 

Importante es saber qué te importa y actuar de forma coherente reduce ansiedad y conflicto interno.

 

Pensamiento realista: 

El poder de entrenar tu mente para no “catastrofizar” y para interpretar los eventos con más equilibrio.

 

Hábitos que bajan la activación del cuerpo: 

Un buen sueño, ejercicio, alimentación, y límites con el estrés.

 

Redes de apoyo y sentido cotidiano: 

Tener relaciones sanas y metas significativas también generan calma.

 

Finalmente

La paz interior no es la ausencia de ruido, de problemas o de desafíos; es, en su esencia más pura, el eco del silencio que surge cuando dejamos de pelear contra nuestra propia realidad.

A menudo confundimos la paz con el control. Creemos que estaremos tranquilos cuando el entorno sea perfecto, cuando las personas actúen como esperamos o cuando nuestras heridas sanen por completo. Pero esa es una paz condicional, una tregua frágil que se rompe al primer soplo de viento.

 

El Arte de Soltar el Remo

La verdadera paz interior nace de la aceptación plena y sincera. Aceptar no es resignarse ni rendirse con amargura. La aceptación es el acto valiente de mirar lo que es —el dolor, la incertidumbre, nuestra propia imperfección— y dejar de exigirle que sea diferente en este preciso instante.

Es como navegar en un río: la angustia viene de intentar remar contra la corriente, agotándonos en el esfuerzo de querer cambiar lo que ya fluye. La paz llega cuando soltamos los remos y confiamos en que el agua sabe hacia dónde va.

 

Los Pilares de tu Calma

 

Honestidad Radical: Reconocer que está bien no estar bien. La paz no puede construirse sobre una mentira emocional.

 

El Fin de la Comparación: Aceptar tu proceso único. Tu jardín no necesita florecer al mismo tiempo que el del vecino para ser hermoso.

 

Habitar el "Aquí": La ansiedad vive en el futuro; el remordimiento, en el pasado. La paz solo tiene espacio para respirar en el presente.

 

"La paz interior comienza en el momento en que eliges no permitir que otra persona o evento controle tus emociones, y en el que te perdonas por ser, simplemente, un ser humano en aprendizaje."

Al final, la paz es ese suspiro profundo del alma cuando finalmente nos decimos a nosotros mismos: "Todo lo que soy, y todo lo que hay ahora, es suficiente". Es el permiso de ser, sin juicios y sin prisas.




sábado, 4 de abril de 2026

"RABBONI" – "RABBONI" = “MI MAESTRO” o “MAESTRO MÍO”

 


"RABBONI" – "RABBONI"

“MI MAESTRO” o “MAESTRO MÍO”

 

¡La vida ganó la partida!

"Raboní" o Rabboni, es un término arameo bíblico que significa "Maestro" o "Mi gran Maestro", utilizado con gran afecto y respeto. Es famoso por ser la exclamación de María Magdalena al reconocer a Jesús resucitado, Juan 20,16. Es un título honorífico superior a Rabí, derivado de rabbon. Jesús es llamado "Rabboni" por el ciego de Jericó (Marcos 10,51) y María Magdalena (Juan 20,16). Se traduce como "mi maestro" o "maestro mío", indicando una relación personal cercana. Este término subraya la conexión íntima y el reconocimiento de Jesús como la máxima autoridad espiritual para el creyente. 

 

El acontecimiento más importante de la fe cristiana, se basa, en una palabra: Resurrección. Este es el centro de toda nuestra vivencia religiosa. Sin ella, nada tiene sentido para el creyente. La muerte, es un paso, un proceso, no el destino final. La muerte de Cristo tiene su coronación en la resurrección. Solamente la resurrección ilumina el sentido existencial del ser humano. Jamás, se entendió que la muerte de Cristo fuera un fracaso, la percepción de Dios no es la percepción del hombre. “No te preocupes por los fracasos, preocúpate por las oportunidades que pierdes cuando ni siquiera lo intentas”. Jack Canfield.

 

El relato de la resurrección de Jesús se encuentra en Mateo 28, 1 - 20. Narra cómo, al amanecer del domingo, un terremoto y un ángel removieron la piedra del sepulcro, anunciando a María Magdalena y la otra María que Jesús había resucitado. Jesús se aparece a las mujeres, y más tarde a los discípulos en Galilea, encomendándoles la gran comisión. 

Puntos clave del relato de Mateo:

La Tumba Vacía (Mat. 28,1-8) Un ángel con aspecto de relámpago remueve la piedra, provocando el temor de los guardias.

Se aparece a las mujeres (Mat. 28,9-10) Mientras corren a dar la noticia, Jesús sale a su encuentro; ellas abrazan sus pies y lo adoran.

Soldados sobornados (Mat. 28,11-15) Los líderes religiosos sobornan a la guardia para difundir el falso rumor de que el cuerpo fue robado.

La gran Misión (Mat. 28,16-20) Jesús se encuentra con los discípulos en un monte en Galilea, afirma su autoridad universal y los envía a hacer discípulos a todas las naciones.

 

En 1 Corintios 15,14 San Pablo afirma que, “Si Cristo no resucitó, nuestra predicación es vana y también la fe”. Este versículo subraya la centralidad de la resurrección de Jesús en el cristianismo, sin ella, la fe carece de fundamento. La doctrina católica enseña que la resurrección de Cristo es el pilar de la esperanza cristiana, garantizando la vida eterna para los creyentes. Además, esta verdad confirma la autenticidad del mensaje evangelizador y la misión de la Iglesia. La carta a los corintios responde a dudas sobre la resurrección, reforzando que el sufrimiento, el dolor y la muerte no tienen la última palabra.

 

Muchos han querido desmentir la resurrección, como el caso que cuenta Mateo 28, 13 "Los discípulos de Jesús vinieron de noche y, como estábamos dormidos, se robaron el cuerpo”. Nada más sarcástico y hasta cómico, que el “testimonio” de unos dormidos. Aún después de su muerte, los enemigos de Jesús, no encontraban la paz, habían perdido el rumbo con sus perversas intenciones, estaban totalmente desorientados, los “valientes” líderes religiosos - políticos o los pastores, eran ovejas sin pastor, y contra todo pronóstico, lo que creían haber “eliminado” se convirtió en su peor pesadilla, pues, fue el inicio de su propia autodestrucción como pueblo “elegido por Dios”.

 

Nunca entendieron, en su lógica y razonamiento cerrado, que lo más importante, lo sustancial es el Espíritu, que exige una mirada interna hacia el corazón, y que lo externo, las apariencias es lo superfluo. Jesús, era Dios “revestido” de hombre. Por la “ceguera” de su corazón, no reconocieron al verdadero Dios, hecho verdadero hombre. Aquí en adelante, se exige un cambio radical de razonamiento y de sentido común, se pide que tengamos una nueva perspectiva u óptica, porque cambia definitivamente nuestro concepto sobre Dios. Ese dios antiguo, lejano, terrible, vengador, inanimado, sin sentimientos, desaparece. El dios hecho a la medida de las apetencias del hombre, que nunca se preocupa por la existencia humana, desaparece.

 

La revelación del verdadero Dios, por medio de su propio Hijo, también exige un cambio de mentalidad. No se puede hablar del Dios de Jesucristo con la mentalidad del antiguo testamento. Ese dios antiguo que da miedo, no es el Dios que nos revela Jesucristo, Dios se permite una nueva elección, pues, “cambió” de pueblo, y los elegidos de aquí en adelante serán, no según la carne, sino el Espíritu, nos lo dice Mateo 28,19-20: “Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia”.

 

El mensaje es claro. El Dios de Jesús, es radicalmente distinto, es divino y humano, tiene rostro, sentimientos. En Juan 10,30 Jesús dice: “El padre y yo somos uno” Este versículo es central en la teología cristiana, ya que Jesús afirma su unidad de esencia, poder y divinidad con Dios Padre. La reacción de los judíos a esta afirmación provocó que intentaran apedrearlo nuevamente, acusándolo de blasfemia por hacerse pasar por Dios siendo hombre. Esto subraya la íntima unión entre Jesús y el Padre, indicando que tienen la misma naturaleza divina. (Ojo, por eso decimos que, exige un cambio de mentalidad, un nuevo entendimiento, un nuevo paradigma para entender a Dios)

 

El sentido común se impone. El Dios de Jesús, es inmensamente cercano, es reflejo de la sustancia creadora como la racionalidad, la moralidad, la creatividad, la capacidad de amar y el libre albedrío, aquí se cumple Génesis 1,26-27 que dice: “creados a imagen y semejanza de Dios”, Dios se identifica con cada uno de sus hermanos, ya lo había demostrado, Jesús, con sus actos más sencillos cuando sanaba, multiplicaba el pan y devolvía la paz por medio del perdón. En Mateo 25, 40 Y el Rey les dirá: “En verdad les digo que cuanto hicieron a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron”. (Ojo, por eso decimos que, con la presencia y la revelación de Jesús, se nos muestra cuál es la verdadera imagen de Dios)

 

El aparente “fracaso” de Jesús en la Cruz, no era más que el principio de lo inevitable, la vida eterna. Era el paso necesario para cruzar el puente hacia el lado opuesto. Poco conocido, excepto, por las palabras del Maestro. El texto bíblico fundamental sobre la resurrección se encuentra en Juan 11,25-26, donde Jesús afirma: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá». Este pasaje destaca la esperanza cristiana de la vida eterna y la victoria sobre la muerte a través de la fe en Jesús. La muerte, el mal, la soberbia, la desobediencia, el pecado, el diablo, fue destruido paradójicamente con la muerte de Jesús en la cruz. La desobediencia de Adán fue reparada por la obediencia de Jesús. (Demasiado tarde comprendió su error el diablo, que permitió y no pudo evitar que Jesús muriera en la cruz, porque su derrota fue definitiva)

 

Jesús habló del Reino de Dios como un dominio espiritual que ya está presente en su ministerio, aunque aún no plenamente establecido. En Lucas 4,43 afirma que, “fue enviado para anunciar la Buena nueva del Reino”. El Reino exige una transformación interior, toca lo más íntimo del corazón, como señaló cuando dijo que, quien no nazca de nuevo no puede verlo (Nacer por medio del agua – Bautismo – y del Espíritu). A través de su muerte y resurrección, Jesús venció el pecado y la muerte, inaugurando así el Reino de forma real y anticipando su plena venida. Este Reino no es solo futuro, sino que se manifiesta en su presencia, enseñanza y poder. El Reino está presente en el corazón del creyente y desde dentro es transformado como “hij@”.

 

La resurrección de Jesús es el núcleo de la fe cristiana, celebrada como la victoria definitiva sobre el pecado y la muerte. Jesús, es el nuevo Adán. Más que un hecho histórico, representa el "sí" de Dios a la vida y enseñanzas de Jesús, validando su divinidad y ofreciendo esperanza de una nueva vida eterna para la humanidad. Jesús presenta el Reino como algo que se cumple en su propia obra. Su muerte vence el pecado y su resurrección inaugura la vida nueva. Por eso, cuando Jesús resucita, no solo “salva” a las personas, abre la etapa en la que Dios Reina efectivamente sobre el mal. 

 

Según la doctrina cristiana, el resucitado asciende al cielo por su propio poder divino, y se sienta a la derecha del Padre, marcando la glorificación de su humanidad y el inicio de su reinado eterno. Este acto simboliza la entrada definitiva de la naturaleza humana de Jesús en la intimidad divina. Con Cristo resucitado y glorificado, los bienes celestiales son el verdadero tesoro del cristiano. Como bien lo expresa san Pablo en su carta a los Colosenses 3, 1-2: “Si han resucitado con Cristo (por el Bautismo), busquen las cosas de arriba, donde está Cris­to sentado a la derecha de Dios. Aspi­ren a las cosas de arriba, no a las de la tierra”.

 

CIC.660. Catecismo Iglesia Católica. El carácter velado de la gloria del Resucitado durante este tiempo se transparenta en sus palabras misteriosas a María Magdalena: "Todavía [...] no he subido al Padre. Vete donde los hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios" (Jn 20, 17). Esto indica una diferencia de manifestación entre la gloria de Cristo resucitado y la de Cristo exaltado a la derecha del Padre. El acontecimiento a la vez histórico y transcendente de la Ascensión marca la transición de una a otra.

 

CIC.663 Cristo, desde entonces, está sentado a la derecha del Padre: "Por derecha del Padre entendemos la gloria y el honor de la divinidad, donde el que existía como Hijo de Dios antes de todos los siglos como Dios y consubstancial al Padre, está sentado corporalmente después de que se encarnó y de que su carne fue glorificada" (San Juan Damasceno, Expositio fidei, 75 [De fide orthodoxa, 4, 2]: PG 94, 1104).

 

Resumen

CIC.665 La ascensión de Jesucristo marca la entrada definitiva de la humanidad de Jesús en el dominio celeste de Dios de donde ha de volver (cf. Hch 1, 11), aunque mientras tanto lo esconde a los ojos de los hombres (cf. Col 3, 3).

 

CIC.666 Jesucristo, cabeza de la Iglesia, nos precede en el Reino glorioso del Padre para que nosotros, miembros de su cuerpo, vivamos en la esperanza de estar un día con Él eternamente.

 

CIC.667 Jesucristo, habiendo entrado una vez por todas en el santuario del cielo, intercede sin cesar por nosotros como el mediador que nos asegura permanentemente la efusión del Espíritu Santo.

 

Mensaje final

El corazón es la clave de la resurrección. (afuera la soberbia) Todo Reino de Dios, nace y está en el corazón. Debemos tener un corazón humilde y sencillo con buena vibra lleno de fe, esperanza y amor.

 

La Resurrección, no es solo un evento histórico que pasó hace dos mil años; es la prueba de que el amor siempre tiene la última palabra. Cuando Cristo resucitó, no solo "volvió a la vida", sino que abrió una puerta que nadie puede cerrar. Nos demostró que: El final no es el final. Ni el miedo, ni los errores, ni la muerte misma pueden detener la luz.

 

Nuestra propia "resurrección" está presente, cada vez que te levantas después de una caída, cada vez que perdonas a quien te ofendió, cada vez que recuperas la esperanza después del abandono. Resucitar hoy es entender que, gracias a Jesucristo, tenemos permiso para volver a empezar las veces que sea necesario.

¡La vida ganó la partida!

viernes, 3 de abril de 2026

UN TAYTACHA, LLAMADO JESÚS DE NAZARETH

 



UN TAYTACHA, LLAMADO JESÚS DE NAZARETH

 

Hablamos y nos entendemos en lenguaje humano. No hablamos el lenguaje de Dios, porque no lo conocemos desde nuestras limitaciones humanas. Ni siquiera somos capaces de comprender el lenguaje angelical. Por supuesto, hasta para referirnos a lo divino y lo espiritual, nuestra lengua es bastante limitada. Así somos los humanos muy limitados para expresar categorías y estados, que rebasan nuestra materialidad.

 

Hablar de Jesús, es hablar del hombre histórico. No es invención humana. Vivió en un determinado tiempo. Perteneció a la raza judía. Su pueblo estuvo bajo la opresión del imperio romano. Dividió la historia en un antes y un después. Pasó por este planeta tierra haciendo el bien. Murió en la cruz defendiendo la verdad. Era tan amado como tan odiado. Sus enemigos religiosos pidieron su muerte porque no soportaban su presencia y su testimonio de vida.

 

Cómo es posible que un Dios tan lejano, temido y vengador en el Antiguo Testamento. Inmenso y grandioso que no necesita nada de lo material, se encarne en el seno de María Santísima. Se haga un niño pequeño e indefenso. Un Dios que se “encarna” como hombre, que tiene hambre, sed, se cansa, tiene rabia y se molesta por la hipocresía de su gente, que tiene predilección de los más débiles y abandonados, los niños, las mujeres, los marginados, los enfermos.

 

Un Jesús que, cuando inicia su vida pública, tiene aproximadamente unos 30 años, y solamente tiene 3 años para dar a conocer todo lo que vino a comunicar sobre su Padre celestial. Que se rodea de hombres, dedicados a la pesca, sencillos sin formación alguna, excepto, con ganas de liberar al pueblo del señorío romano. Ellos esperaban un libertador, un caudillo, un líder con poder, como para derrotar ejércitos poderosos. Ese hombre no es lo piensan, es humilde y sencillo, pero, tiene un gran poder en su palabra, los llama por su nombre, le siguen y creen en Él.

 

La naturaleza humana, a veces, impredecible, puede “confundir” por sus apariencias. No siempre interpretamos lo que vemos, oímos y experimentamos de manera correcta. Cada persona tiene su propia verdad y su propia manera de observar las cosas. Podemos tener una primera impresión y quedarnos con ella o simplemente, nuestra percepción va cambiando con el tiempo. Jesús, hablaba con autoridad, y recalcaba: “tu fe te ha sanado”. Daba una profundidad inmensa a las creencias humanas. El hombre que tiene fe, “puede mover montañas”.

 

Cuando te propones lograr algo en la vida, sabes que puedes conseguirlo. Te tienes fe y confianza. Cuando asumes decididamente un propósito o una meta, el camino se abre paso a paso. La frase "la fe mueve montañas" proviene de Mateo 17,20 donde Jesús afirma que incluso una fe pequeña, como una semilla de mostaza, puede superar obstáculos imposibles. No se refiere a un poder mágico personal, sino a confiar en Dios para superar desafíos y pruebas difíciles, permitiendo que su poder actúe. La fe es poder interno, y pide que des el primer paso, “confiar en que sí es posible”.

 

Hay muchos relatos en donde Jesús, verdadero hombre, muestra abiertamente su poder divino, es hombre como cualquiera aparentemente, pero, no oculta su poder, sabe cuándo su energía sale de Él. En el Evangelio de Lucas 7,50 se nos narra, al final del versículo, la historia de la mujer pecadora que unge los pies de Jesús en casa de Simón el fariseo. Jesús le dice: "Tu fe te ha salvado, vete en paz", destacando que su amor y fe genuina le han traído el perdón y la salvación.

 

En otro pasaje tenemos, la historia de la mujer hemorroísa contada por el Evangelista san Marcos 5,25-34 es una profunda reflexión sobre la fe audaz, la superación del miedo y la restauración integral. Tras 12 años de enfermedad, exclusión social y pobreza, su convicción de que tocar el manto de Jesús la sanaría movió el poder divino. Jesús no solo sanó su cuerpo, sino que restauró su identidad al llamarla "hija", devolviéndole su dignidad pública. Aquí, tenemos la fe que vence obstáculos, a pesar de su debilidad física, la multitud y las restricciones religiosas que la consideraban "impura", ella se abrió paso con valentía. La fe actúa a pesar del miedo y las circunstancias adversas.

 

Esto nos demuestra, el “equilibrio perfecto” del Maestro entre sus pensamientos, sus acciones, y la paz del corazón. Nada turba su corazón, excepto la compasión por los más necesitados. Los relatos nos muestran a un Jesús súper concentrado en sus acciones cotidianas y atento a todo lo que sucede a su alrededor. Es hombre para los demás. Nada le puede pasar desapercibido. Aquí, críticos como Ellen Langer, en su trabajo sobre la atención plena, argumentan que un control rígido puede sofocar la flexibilidad y la creatividad en el crecimiento personal y el logro. En Langer, E. J. (1989) "Atención plena".

 

Lo más impresionante con el Jesús histórico es la experiencia que viven aquellos que lo buscan y lo tratan.  Lo escuchan con una actitud de arrobamiento, es decir, éxtasis, embeleso, enajenación, fascinación, admiración, pasmo, estupor. Es la experiencia vivencial de cada personaje que, encuentra en Jesús ese acercamiento de temor y amor.  Jesús, no deja a nadie indiferente. La fe rompe barreras, para elevarnos a conseguir lo que parece imposible a simple vista. Nos dice Amy Poehler “Si puedes bailar, ser libre y no sentir vergüenza, el mundo entero puede ser tuyo”.

 

San Lucas 24, 13-35 narra en encuentro del resucitado con los discípulos de Emaús. “¿No ardía nuestro corazón en el camino mientras nos explicaba las Escrituras?” . La frase refleja una experiencia profunda de encuentro con la palabra de Jesús, como en el relato de Emaús. El corazón arde al escuchar la Palabra explicada con amor y verdad, señalando un despertar espiritual y emocional. Este fuego interior simboliza la transformación que ocurre cuando la fe se vuelve viva y personal, no solo intelectual. Buscar este encendido del corazón implica acoger la enseñanza con humildad y disponibilidad.

 

Amor y miedo. Miedo y amor. La dualidad y la polaridad en la existencia y la naturaleza creada. Jesús, el Dios – hombre, plenamente humano, proyecta un amor incondicional que busca el bienestar de la persona, y un "temor" entendido no como miedo paralizante, sino como reverencia, respeto y la urgente necesidad de seguir sus enseñanzas. La impresión que deja Jesús, es indescriptible. El amor perfecto de Dios busca eliminar el temor al castigo, transformando el miedo en confianza y obediencia amorosa. Imposible no estar ante Jesús y no sentir, que solamente su presencia, puede transformar como el fuego.

 

Como ciudadanos de este planeta tierra, entendemos algo importante, como “No tienes que ser excelente en algo para empezar, pero sí tienes que empezar para llegar a ser excelente en algo”. Palabras de Zig Ziglar. El proceso de Jesús para alcanzar un cierto grado de calidad de vida y perfección humana, no se dio de un momento a otro. Hay aproximadamente 18 años de vida oculta, que no sabemos, a ciencia cierta, qué es lo que realmente pasó o dónde estuvo o dónde se formó o estudió.

 

La "vida oculta" de Jesús, es decir, los años no documentados en los Evangelios bíblicos, de los 12 a los 30 años, describiendo una existencia ordinaria en Nazaret como carpintero. Tenemos el episodio del Templo, el único evento detallado de su adolescencia, donde se encuentra con los doctores en Jerusalén a los 12 años, mostrando una sabiduría temprana. El pasaje de Jesús entre los doctores de la ley, según san Lucas 2,41-50 narra cuando, Jesús permaneció en el Templo de Jerusalén tras la Pascua, asombrando a los maestros religiosos con su sabiduría durante tres días. Fue hallado por María y José, declarando que debía ocuparse de las cosas de su Padre.

 

Existe una Teoría Alternativa, en el libro “La vida secreta de Jesús de Nicolás Notovitch (1858–1916), quien afirmó haber descubierto en el siglo XIX un manuscrito tibetano en el monasterio de Hemis que relataba una supuesta estancia de Jesús en la India y el Tíbet durante su juventud, basándose en supuestos manuscritos budistas. Aunque sus afirmaciones fueron ampliamente cuestionadas y desacreditadas por especialistas, su libro “El Misterio de Jesús en el Tíbet”, generó un intenso debate sobre la vida de Jesús fuera de los registros bíblicos. Su obra sigue siendo objeto de interés para investigadores de mitos religiosos y esoterismo.

 

Un hombre querido y odiado. Jesús de Nazaret es una figura histórica, amada por sus seguidores como el Mesías Salvador y, al mismo tiempo, odiada y rechazada por desafiar el statu quo, los poderes religiosos y las lógicas humanas de poder. Nos dice Josh Billings: “Sé cómo una estampilla de correo. Pégate a lo que quieras y no te salgas hasta que hayas llegado”. Jesús fue fiel a la Palabra de su Padre. Mostró compasión por los marginados; amó a sus enemigos, alimentó a la multitud y aceptó como amigos a los recaudadores de impuestos y pecadores.

 

Su mensaje es revolucionario, novedoso y “peligroso”, porque trastorna y trastoca el pensar y el sentir de la época, pues, ante el común “ojo por ojo, diente por diente” del Éxodo 21,24; Levítico 24,20 la “Ley del talión”; Jesús, levanta su voz y se opone radicalmente a esa manera de juzgar, pues, es la venganza disfrazada de ley, porque permite el abuso de poder. Él no soporta esta forma de pensar arcaica, aunque en la antigüedad haya estado justificada, por la maldad de los hombres. En san Mateo 5,38-42 Jesús, contrapone este principio con el amor y el perdón, enseñando a no resistirse al mal y a poner la otra mejilla. 

 

Esta nueva forma de pensar, que propone Jesús, y sobre todo de vivir respetando al prójimo, no importando su condición social y religiosa, es un tremendo desafío a las autoridades que tienen el poder político – religioso. Ellos jamás tolerarán, de Jesús, esta falta de reverencia y respeto al “dios del antiguo testamento”. Son sus creencias bien arraigadas que nunca cambiarán, pues, no les conviene cambiar, y deciden matar a Aquel hombre, bueno y generoso, antes que cambiar un ápice de la ley, porque Jesús, para ellos, les es muy incómodo, no soportan a quien les “abre la mente y el corazón”.

 

Además, sus seguidores encuentran en Él, un modelo de amor, perdón y la promesa de vida eterna. En el Sermón de la montaña, Jesús toma la idea veterotestamentaria de “ojo por ojo, diente por diente” y la transforma en una enseñanza más exigente, es decir, pasar de una justicia basada en la represalia a una ética basada en el amor y la respuesta no violenta. Su mensaje de arrepentimiento, perdón, amor y justicia con los más necesitados, hace que dichas autoridades político – religiosas, vean en Jesús, un enemigo peligrosísimo, y que hay que “desaparecerlo” cuanto antes del medio, pues, les está arruinando el negocio de la religión, de enriquecerse a costa del pueblo.

 

La frase "mejor que muera un solo hombre por el pueblo, y no que toda la nación sea destruida" es una declaración de guerra y violencia, atribuida a Caifás, el sumo sacerdote, “el representante de Dios en la tierra”, pues, él decidió que Jesús debía morir si o si, esto está en el Evangelio de san Juan 11,50. La frase está contextualizada antes de la Pascua tras la resurrección de Lázaro; Caifás, buscaba justificar la muerte de Jesús para evitar la intervención romana. Curiosa y lamentablemente, con la declaración de su maldad, profetizó la muerte cruenta de Jesús en la Cruz.

 

Históricamente, las palabras y los actos que Jesús realizó, provocaron con ello, persecución y crucifixión, y según la creencia, Jesús, genera rechazo en un mundo hostil. Un corazón manchado de sangre, odio, venganza, cegado por el poder, el placer y el desprecio, jamás reconocerá la bondad y el amor de Jesús. Sus enemigos estaban en el poder, eran las autoridades judías, tenían el poder y desde allí amenazaban. Susurraban en voz alta para ser oídos y azuzar al pueblo para levantarse contra Jesús. Éste no les tenía miedo. Abiertamente predicaba en las plazas el reino de Dios, sanaba los enfermos. Pero, ellos tramaban, sin recato alguno, ya su muerte. Ya habían puesto precio a su vida.

 

En la cruz, Jesús, experimentará la "noche oscura del alma” un concepto místico descrito principalmente por San Juan de la Cruz. Se refiere a un proceso de purificación espiritual, sequedad y aparente abandono de Dios, esencial para la unión mística. Es un período de profunda aridez espiritual donde el alma siente que Dios está ausente, lo que purifica de apegos sensibles y espirituales. No es abandono real, sino una "luz superior" que ciega para transformar al alma, despojándola de seguridades para unirse a Dios.

 

En la “cruz” pasan muchas cosas. Es el momento más sacral, más íntimo y doloroso de Jesús hombre, y muestra su “desnudez” del cuerpo y del alma. No hay momento más increíblemente humano que, el paso de la vida a la muerte. Mostramos toda la mortalidad de esta vida efímera. Es el gran misterio del velo final de la vida. Es el principio de la verdadera vida, porque todo lo vivido es un sueño. Jesús, en su camino al calvario, fue despojado de todo, no tenía nada, y decide que, es el momento de despojarse de lo más amado, su madre, María santísima, queda en manos de Juan, el discípulo más querido del Maestro. Ahora, Jesús, está listo para partir.

 

Es en este momento sublime y más terrenal que nunca por la desolación del alma, que se escucha la voz potente y desgarradora, de Jesús, desde la cruz: "Eloi, Eloi, lama sabachthani", es una frase pronunciada en arameo, registrada por los Evangelios de Marcos 15,34 y Mateo 27,46 que, significa: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?". Es un grito de profunda angustia humana y dolor físico, marcando la cuarta de sus siete palabras finales. Esta frase, es el inicio del Salmo 22, un lamento profético que expresa el sentimiento de desamparo divino en medio del sufrimiento extremo.

 

Un Dios – hombre, encarnado como verdadero humano siendo Dios, nacido en Belén, criado y educado en Nazareth que, siendo recién un niño, huyó con sus padres María y José, a Egipto porque Herodes lo quería matar. Pero, por ironías de la vida, no pudo escapar del odio de sus compatriotas que lo entregaron a Pilato, otro romano y extranjero, que se lavó las manos, creyendo que era inocente, pero, no reconoció que mandó a matar a un verdadero inocente. Y murió en la cruz, como un malhechor y gente de mal vivir. Este es el gran misterio del encarnado Dios en el seno de una jovencita, llamada María.

 

María, una mujer llena de fe, cobijó su divinidad, y sin pedir nada a cambio, lo asumió como su primogénito, y Jesús, lleno de amor y de compasión, asumió su humanidad, y sin pedir nada a cambio le ofreció su eternidad.  

lunes, 16 de marzo de 2026

FRAY BENIGNO GAMARRA PADILLA. O.P

 


Fray Benigno Gamarra Padilla. O.P

 

Que tu llegada al Reino celestial, sea tu gozo completo y el eterno entusiasmo de encontrarte con Aquel de quien tanto hablaste en esta tierra. En palabras del filósofo, Ralph Waldo Emerson: “El mayor logro de ser uno mismo en un mundo que intenta constantemente convertirte en otra cosa”. Eras un fraile auténtico con tus hermanos ante el individualismo de este mundo. Nunca fuiste un conformista de lo material a pesar de las comodidades de la comunidad. Nunca encajabas en moldes pre – establecidos de la religión, la política o la moda. No cediste a ninguna presión para ser aceptado por los demás, porque tu mayor logro de resistencia era mantener tu propia esencia de ser hijo de Domingo de Guzmán. Eras un rebelde para escuchar la voz del mundo y sus atractivos, porque lo más importante para ti, era escuchar la voz interior de Cristo eucaristía, en quien ponías toda tu confianza, tu fe y tu salvación.

 

El caminante de Cristo, al estilo de santo Domingo de Guzmán. De profunda fe y oración. De lenguaje sencillo y profundo. No hacías alarde de tu saber teológico, simplemente vivenciabas tus creencias y religión. Fiel devoto de María Santísima, la Virgen del Rosario, por medio, justamente del rosario y su devoción mariana. Muy pendiente del bienestar de tus hermanos, postergando tu propio cuidado personal. Más dado a dar que a recibir. Siempre recibías con una sonrisa amable y una palabra de aliento oportuno. Tenías una profunda alegría y entusiasmo por la vida y el comunicar la palabra a los demás. “El rasgo más universal y distintivo de las personas felices es el entusiasmo”, es una frase de Bertrand Russell. Resalta que, el ser agradecidos, el ser alegres, el perdonar sin condición alguna, el espíritu de seguir aprendiendo, la energía vital, la curiosidad y el compromiso apasionado por la vida y las actividades solidarias cotidianas, son los verdaderos motores de la felicidad.  

 

Sé que nos sigues acompañando en este caminar hacia el Padre celestial de Cristo, Señor y Dios de todo lo creado.

Un eterno gracias, padre fray Benigno. 





SOBRE EL CREADOR

 


SOBRE EL CREADOR

 

Algunos permanentemente rechazan a un creador, y olvidan que el hombre, en todo momento está creando su propia realidad, y olvidan que la palabra es más poderosa una vez lanzada. La palabra es el Verbo. El verbo es el logos. El logos es creación. El hombre es creador con su palabra, verbo, logos. Sin embargo, no asume su responsabilidad cuando sin darse cuenta, cree y prefiere olvidar, y culpar a otros, e inclusive a su “dios” personal, inventado a su medida, y así, dice, no creer en dios, a quien culpa por tanta maldad. El hombre proyecta lo que es. Lo que lleva en su corazón. La maldad no viene de fuera, pues, nace en el interior del hombre.

 

Aquí, una famosa anécdota, a menudo atribuida a Louis Pasteur, narra una respuesta ante la crítica materialista. Cuando en el laboratorio, sus discípulos, le dijeron: "Maestro, hemos abierto miles de cadáveres y nunca hemos encontrado el alma". Pasteur les replicó: "Cuando muera vuestra madre, pártanla en mil pedazos y traten de encontrar el amor que ella tuvo por ustedes". Hay cosas o situaciones o ideas que no podemos demostrar, pero, creemos en ellas. Existen en el universo, más interrogantes que respuestas. En la anécdota anterior, se utiliza lo dicho, para destacar las limitaciones del empirismo estricto para explicar la experiencia humana emocional y espiritual.

 

La “creación humana”, aquí, aparece el término “crear”. Es el hombre, sin Dios en su corazón, quien crea su mundo, lo más perverso y depravado, la guerra, el hambre, armas cada vez más letales y destructivas, la miseria, las enfermedades, la vulgaridad, los asesinatos, robos, atracos, violaciones, machismo, el creerse superior a los demás, etc.…, todo eso es creación humana, no culpa ni responsabilidad de un dios impasible, de allá lejos de este planeta, al que algunos hombres liberales sin moral y sin respeto por sí mismos, sí logran culpar por vergüenza e incapacidad. Claro que, sin Dios en el corazón, la maldad y el odio es mucho más posible.

 

Una falta miserable de culpar a otros de lo que uno hace, cuando en realidad, el mismo hombre creyente o no, hace de su mundo, algo súper agradable y divertido o todo lo contrario. Muchísima gente se hace “bolas” con la idea de Dios, cual mismo enemigo acérrimo y peligrosísimo del cual debemos protegernos y alejarnos, pero, no se dan cuenta que, en su vida diaria, aceptan sin ningún problema ideas que no ven ni se plantean si realmente existen.

 

Sencillamente ¿crees que realmente existen los números? Aquellos que siempre usamos en las matemáticas, en los negocios, las inversiones, etc. Nadie discute que el 1 es 1, el 2 es 2 y así sucesivamente. Te recuerdo que, jamás has “tocado” alguno en tu vida y sin embargo, “crees” ciegamente y sin discusión alguna que existen. Es un invento del hombre: Los nombres "par" e "impar", los símbolos (2, 3, 4...) y las reglas abstractas que usamos para describirlos son un lenguaje “creado” por humanos. Nosotros hemos inventamos el sistema de etiquetas para poder comunicar y manipular esas cantidades de forma precisa. En otras palabras, la cantidad y su comportamiento son parte de la lógica del universo, pero la clasificación y los nombres son herramientas que diseñamos nosotros para entenderlo.

 

Y lo mismo, podemos decir del amor, la valentía, el honor, la verdad, la honestidad etc. ¿Qué es el amor? ¿Acaso algunos no dan la vida por ello? Y así todos los valores imaginarios que decimos creer y defender en la vida personal, familiar y la comunidad. Todo eso es “forma” dado por la invención del lenguaje humano, recalcamos “invención” del hombre. En este sentido el historiador Yuval Noah Harari, lo llama “realidades imaginarias”. Veamos cómo funcionan estas ideas en la vida cotidiana. Hablemos del amor como ejemplo, de la validez del lenguaje humano:

 

El amor como impulso biológico: A nivel puramente físico y mental, el amor es algo imaginario, irreal, nombre dado por el hombre, no puedes tocarlo ni olerlo ni saborearlo, pero, “existe imaginariamente” como una cascada química en tu mente y cuerpo, que te desborda con una energía increíble, imparable (oxitocina, dopamina). Es un mecanismo evolutivo de la propia naturaleza animal y racional para asegurar la supervivencia y el cuidado de la especie. Y por supuesto, sin olvidar el simple disfrute momentáneo, jamás eterno. Por eso, es algo que muchas veces te deja vacío, porque “buscas más”, es decir, la insaciabilidad externa y no interna del hombre.

 

El amor como construcción cultural: La cultura juega un papel fundamental en nuestras “creencias” y sobre todo con el tema del amor. Sin embargo, la idea del "amor romántico", el romanticismo, la poesía, los detalles, la química, las feromonas, que lleva o deben llevar a la fidelidad eterna o el matrimonio son conceptos creados por el hombre. Nada de eso existe en la realidad sino más bien en la mente humana, en la cultura, la propaganda, la publicidad y sus códigos de belleza y perfección pasajera. El lenguaje y la literatura transforman ese impulso biológico del cuerpo en un ideal. Sin el relato humano, los cuentos, los mitos, las leyendas, sobre las historias de amor, valga la redundancia, el amor sería solo un instinto animal para saciar e insaciable, y no una "meta" o “proyecto” de vida para alcanzar y vivir.

 

Los valores como pegamento social: Cada sociedad, en cada época de su existencia, cada cultura “crea” sus propias normas y códigos para entenderse y comunicarse racional y empáticamente. Los conceptos como la justicia, la libertad o los derechos humanos no existen físicamente, es una creación imaginaria del hombre (no puedes tocar un "kilo de justicia", ni “rebajar económicamente” los derechos de los demás). Son acuerdos colectivos. Funcionan porque todos decidimos creer en ellos, y si no crees te los imponen como los estados totalitarios, y punto, que te hacen “creer” que tienes libertad y derechos, y no hablamos de religión; si mañana todos dejáramos de creer en el concepto de "dinero" o "nación", estos desaparecerían instantáneamente.

 

Finalmente, no hemos dicho ni una palabra del Dios verdadero. Cristo, Señor y Dios de la vida y de la historia. Solo hemos hablado de la importancia del lenguaje humano, de la palabra creadora. Algunos, consciente o inconsciente, creo que más lo segundo, niegan la idea de Dios creador y olvidan que, el hombre imagen y semejanza proyecta lo que es en su esencia. Les damos nuestra fe, nuestra creencia, nuestra reverencia, bajamos la cabeza o de rodillas, a todo lo explicado anteriormente, porque son herramientas útiles para convivir en familia y sociedad. Son "inventos y creencias" del hombre, pero, son los que sostienen nuestra civilización. El hombre es más creyente cuando niega la existencia de su dios, porque aprendió que, es un ser separado, único, transcendente y creador. Es imagen y semejanza de sus creencias.

 

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