SOBRE EL CREADOR
Algunos permanentemente rechazan a un creador,
y olvidan que el hombre, en todo momento está creando su propia realidad, y olvidan
que la palabra es más poderosa una vez lanzada. La palabra es el Verbo. El verbo
es el logos. El logos es creación. El hombre es creador con su palabra, verbo,
logos. Sin embargo, no asume su responsabilidad cuando sin darse cuenta, cree y
prefiere olvidar, y culpar a otros, e inclusive a su “dios” personal, inventado
a su medida, y así, dice, no creer en dios, a quien culpa por tanta maldad. El hombre
proyecta lo que es. Lo que lleva en su corazón. La maldad no viene de fuera,
pues, nace en el interior del hombre.
Aquí, una famosa anécdota, a menudo atribuida
a Louis Pasteur, narra una respuesta ante la crítica materialista. Cuando en el
laboratorio, sus discípulos, le dijeron: "Maestro, hemos abierto miles de
cadáveres y nunca hemos encontrado el alma". Pasteur les replicó: "Cuando
muera vuestra madre, pártanla en mil pedazos y traten de encontrar el amor que
ella tuvo por ustedes". Hay cosas o situaciones o ideas que no podemos
demostrar, pero, creemos en ellas. Existen en el universo, más interrogantes
que respuestas. En la anécdota anterior, se utiliza lo dicho, para destacar las
limitaciones del empirismo estricto para explicar la experiencia humana
emocional y espiritual.
La “creación humana”, aquí, aparece el término
“crear”. Es el hombre, sin Dios en su corazón, quien crea su mundo, lo más perverso
y depravado, la guerra, el hambre, armas cada vez más letales y destructivas,
la miseria, las enfermedades, la vulgaridad, los asesinatos, robos, atracos, violaciones,
machismo, el creerse superior a los demás, etc.…, todo eso es creación humana,
no culpa ni responsabilidad de un dios impasible, de allá lejos de este planeta,
al que algunos hombres liberales sin moral y sin respeto por sí mismos, sí logran
culpar por vergüenza e incapacidad. Claro que, sin Dios en el corazón, la
maldad y el odio es mucho más posible.
Una falta miserable de culpar a otros de lo
que uno hace, cuando en realidad, el mismo hombre creyente o no, hace de su
mundo, algo súper agradable y divertido o todo lo contrario. Muchísima gente se
hace “bolas” con la idea de Dios, cual mismo enemigo acérrimo y peligrosísimo
del cual debemos protegernos y alejarnos, pero, no se dan cuenta que, en su
vida diaria, aceptan sin ningún problema ideas que no ven ni se plantean si
realmente existen.
Sencillamente ¿crees que realmente existen los
números? Aquellos que siempre usamos en las matemáticas, en los negocios, las
inversiones, etc. Nadie discute que el 1 es 1, el 2 es 2 y así sucesivamente. Te
recuerdo que, jamás has “tocado” alguno en tu vida y sin embargo, “crees”
ciegamente y sin discusión alguna que existen. Es un invento del hombre: Los
nombres "par" e "impar", los símbolos (2, 3, 4...) y las
reglas abstractas que usamos para describirlos son un lenguaje “creado”
por humanos. Nosotros hemos inventamos el sistema de etiquetas para poder
comunicar y manipular esas cantidades de forma precisa. En otras palabras,
la cantidad y su comportamiento son parte de la lógica del universo,
pero la clasificación y los nombres son herramientas que diseñamos
nosotros para entenderlo.
Y lo mismo, podemos decir del amor, la
valentía, el honor, la verdad, la honestidad etc. ¿Qué es el amor? ¿Acaso algunos
no dan la vida por ello? Y así todos los valores imaginarios que decimos creer
y defender en la vida personal, familiar y la comunidad. Todo eso es “forma”
dado por la invención del lenguaje humano, recalcamos “invención” del hombre. En
este sentido el historiador Yuval Noah Harari, lo llama “realidades imaginarias”.
Veamos cómo funcionan estas ideas en la vida cotidiana. Hablemos del amor como
ejemplo, de la validez del lenguaje humano:
El amor como impulso biológico: A nivel
puramente físico y mental, el amor es algo imaginario, irreal, nombre dado por
el hombre, no puedes tocarlo ni olerlo ni saborearlo, pero, “existe
imaginariamente” como una cascada química en tu mente y cuerpo, que te desborda
con una energía increíble, imparable (oxitocina, dopamina). Es un
mecanismo evolutivo de la propia naturaleza animal y racional para asegurar la
supervivencia y el cuidado de la especie. Y por supuesto, sin olvidar el simple
disfrute momentáneo, jamás eterno. Por eso, es algo que muchas veces te deja
vacío, porque “buscas más”, es decir, la insaciabilidad externa y no interna
del hombre.
El amor como construcción cultural: La
cultura juega un papel fundamental en nuestras “creencias” y sobre todo con el
tema del amor. Sin embargo, la idea del "amor romántico", el
romanticismo, la poesía, los detalles, la química, las feromonas, que lleva o
deben llevar a la fidelidad eterna o el matrimonio son conceptos creados
por el hombre. Nada de eso existe en la realidad sino más bien en la mente
humana, en la cultura, la propaganda, la publicidad y sus códigos de belleza y
perfección pasajera. El lenguaje y la literatura transforman ese impulso
biológico del cuerpo en un ideal. Sin el relato humano, los cuentos, los mitos,
las leyendas, sobre las historias de amor, valga la redundancia, el amor sería
solo un instinto animal para saciar e insaciable, y no una "meta" o “proyecto”
de vida para alcanzar y vivir.
Los valores como pegamento social: Cada sociedad,
en cada época de su existencia, cada cultura “crea” sus propias normas y códigos
para entenderse y comunicarse racional y empáticamente. Los conceptos como la
justicia, la libertad o los derechos humanos no existen físicamente, es una creación
imaginaria del hombre (no puedes tocar un "kilo de justicia", ni “rebajar
económicamente” los derechos de los demás). Son acuerdos colectivos.
Funcionan porque todos decidimos creer en ellos, y si no crees te los imponen
como los estados totalitarios, y punto, que te hacen “creer” que tienes libertad
y derechos, y no hablamos de religión; si mañana todos dejáramos de creer en el
concepto de "dinero" o "nación", estos desaparecerían
instantáneamente.
Finalmente, no hemos dicho ni una palabra del
Dios verdadero. Cristo, Señor y Dios de la vida y de la historia. Solo hemos hablado
de la importancia del lenguaje humano, de la palabra creadora. Algunos,
consciente o inconsciente, creo que más lo segundo, niegan la idea de Dios
creador y olvidan que, el hombre imagen y semejanza proyecta lo que es en su
esencia. Les damos nuestra fe, nuestra creencia, nuestra reverencia,
bajamos la cabeza o de rodillas, a todo lo explicado anteriormente, porque
son herramientas útiles para convivir en familia y sociedad. Son "inventos
y creencias" del hombre, pero, son los que sostienen nuestra civilización.
El hombre es más creyente cuando niega la existencia de su dios, porque
aprendió que, es un ser separado, único, transcendente y creador. Es imagen y
semejanza de sus creencias.
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