lunes, 16 de marzo de 2026

SOBRE EL CREADOR

 


SOBRE EL CREADOR

 

Algunos permanentemente rechazan a un creador, y olvidan que el hombre, en todo momento está creando su propia realidad, y olvidan que la palabra es más poderosa una vez lanzada. La palabra es el Verbo. El verbo es el logos. El logos es creación. El hombre es creador con su palabra, verbo, logos. Sin embargo, no asume su responsabilidad cuando sin darse cuenta, cree y prefiere olvidar, y culpar a otros, e inclusive a su “dios” personal, inventado a su medida, y así, dice, no creer en dios, a quien culpa por tanta maldad. El hombre proyecta lo que es. Lo que lleva en su corazón. La maldad no viene de fuera, pues, nace en el interior del hombre.

 

Aquí, una famosa anécdota, a menudo atribuida a Louis Pasteur, narra una respuesta ante la crítica materialista. Cuando en el laboratorio, sus discípulos, le dijeron: "Maestro, hemos abierto miles de cadáveres y nunca hemos encontrado el alma". Pasteur les replicó: "Cuando muera vuestra madre, pártanla en mil pedazos y traten de encontrar el amor que ella tuvo por ustedes". Hay cosas o situaciones o ideas que no podemos demostrar, pero, creemos en ellas. Existen en el universo, más interrogantes que respuestas. En la anécdota anterior, se utiliza lo dicho, para destacar las limitaciones del empirismo estricto para explicar la experiencia humana emocional y espiritual.

 

La “creación humana”, aquí, aparece el término “crear”. Es el hombre, sin Dios en su corazón, quien crea su mundo, lo más perverso y depravado, la guerra, el hambre, armas cada vez más letales y destructivas, la miseria, las enfermedades, la vulgaridad, los asesinatos, robos, atracos, violaciones, machismo, el creerse superior a los demás, etc.…, todo eso es creación humana, no culpa ni responsabilidad de un dios impasible, de allá lejos de este planeta, al que algunos hombres liberales sin moral y sin respeto por sí mismos, sí logran culpar por vergüenza e incapacidad. Claro que, sin Dios en el corazón, la maldad y el odio es mucho más posible.

 

Una falta miserable de culpar a otros de lo que uno hace, cuando en realidad, el mismo hombre creyente o no, hace de su mundo, algo súper agradable y divertido o todo lo contrario. Muchísima gente se hace “bolas” con la idea de Dios, cual mismo enemigo acérrimo y peligrosísimo del cual debemos protegernos y alejarnos, pero, no se dan cuenta que, en su vida diaria, aceptan sin ningún problema ideas que no ven ni se plantean si realmente existen.

 

Sencillamente ¿crees que realmente existen los números? Aquellos que siempre usamos en las matemáticas, en los negocios, las inversiones, etc. Nadie discute que el 1 es 1, el 2 es 2 y así sucesivamente. Te recuerdo que, jamás has “tocado” alguno en tu vida y sin embargo, “crees” ciegamente y sin discusión alguna que existen. Es un invento del hombre: Los nombres "par" e "impar", los símbolos (2, 3, 4...) y las reglas abstractas que usamos para describirlos son un lenguaje “creado” por humanos. Nosotros hemos inventamos el sistema de etiquetas para poder comunicar y manipular esas cantidades de forma precisa. En otras palabras, la cantidad y su comportamiento son parte de la lógica del universo, pero la clasificación y los nombres son herramientas que diseñamos nosotros para entenderlo.

 

Y lo mismo, podemos decir del amor, la valentía, el honor, la verdad, la honestidad etc. ¿Qué es el amor? ¿Acaso algunos no dan la vida por ello? Y así todos los valores imaginarios que decimos creer y defender en la vida personal, familiar y la comunidad. Todo eso es “forma” dado por la invención del lenguaje humano, recalcamos “invención” del hombre. En este sentido el historiador Yuval Noah Harari, lo llama “realidades imaginarias”. Veamos cómo funcionan estas ideas en la vida cotidiana. Hablemos del amor como ejemplo, de la validez del lenguaje humano:

 

El amor como impulso biológico: A nivel puramente físico y mental, el amor es algo imaginario, irreal, nombre dado por el hombre, no puedes tocarlo ni olerlo ni saborearlo, pero, “existe imaginariamente” como una cascada química en tu mente y cuerpo, que te desborda con una energía increíble, imparable (oxitocina, dopamina). Es un mecanismo evolutivo de la propia naturaleza animal y racional para asegurar la supervivencia y el cuidado de la especie. Y por supuesto, sin olvidar el simple disfrute momentáneo, jamás eterno. Por eso, es algo que muchas veces te deja vacío, porque “buscas más”, es decir, la insaciabilidad externa y no interna del hombre.

 

El amor como construcción cultural: La cultura juega un papel fundamental en nuestras “creencias” y sobre todo con el tema del amor. Sin embargo, la idea del "amor romántico", el romanticismo, la poesía, los detalles, la química, las feromonas, que lleva o deben llevar a la fidelidad eterna o el matrimonio son conceptos creados por el hombre. Nada de eso existe en la realidad sino más bien en la mente humana, en la cultura, la propaganda, la publicidad y sus códigos de belleza y perfección pasajera. El lenguaje y la literatura transforman ese impulso biológico del cuerpo en un ideal. Sin el relato humano, los cuentos, los mitos, las leyendas, sobre las historias de amor, valga la redundancia, el amor sería solo un instinto animal para saciar e insaciable, y no una "meta" o “proyecto” de vida para alcanzar y vivir.

 

Los valores como pegamento social: Cada sociedad, en cada época de su existencia, cada cultura “crea” sus propias normas y códigos para entenderse y comunicarse racional y empáticamente. Los conceptos como la justicia, la libertad o los derechos humanos no existen físicamente, es una creación imaginaria del hombre (no puedes tocar un "kilo de justicia", ni “rebajar económicamente” los derechos de los demás). Son acuerdos colectivos. Funcionan porque todos decidimos creer en ellos, y si no crees te los imponen como los estados totalitarios, y punto, que te hacen “creer” que tienes libertad y derechos, y no hablamos de religión; si mañana todos dejáramos de creer en el concepto de "dinero" o "nación", estos desaparecerían instantáneamente.

 

Finalmente, no hemos dicho ni una palabra del Dios verdadero. Cristo, Señor y Dios de la vida y de la historia. Solo hemos hablado de la importancia del lenguaje humano, de la palabra creadora. Algunos, consciente o inconsciente, creo que más lo segundo, niegan la idea de Dios creador y olvidan que, el hombre imagen y semejanza proyecta lo que es en su esencia. Les damos nuestra fe, nuestra creencia, nuestra reverencia, bajamos la cabeza o de rodillas, a todo lo explicado anteriormente, porque son herramientas útiles para convivir en familia y sociedad. Son "inventos y creencias" del hombre, pero, son los que sostienen nuestra civilización. El hombre es más creyente cuando niega la existencia de su dios, porque aprendió que, es un ser separado, único, transcendente y creador. Es imagen y semejanza de sus creencias.

 

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