LA MIRADA
Cristo nos habla sobre
el sentido más grande de la castidad. Hasta la venida de Cristo, la infidelidad
se medía sólo en base a actos. Él, en cambio, nos propone una nueva medida: la
santidad no es sólo "no hacer el mal", sino orientar todo el ser
hacia el bien. Y sólo así se llega a la felicidad auténtica.
Cristo nos invita a un
amor radical. Así como su amor por nosotros fue total, nos ofrece una vida en
la que nos entreguemos sin reservas. Por eso, en este contexto tiene sentido la
castidad del matrimonio cristiano: todo mi ser le pertenece a mi pareja,
incluidas mis intenciones.
Se trata de una
relación prioritaria, porque debe dar el sentido de todas mis otras relaciones
con el mundo: ¿en quién pienso cuando camino por la calle, en el trabajo, en
las horas de descanso?
Amar significa dirigir
todo mi ser hacia otra persona, empezando por la mirada. No sólo una mirada de
"ojos", sino sobre todo la mirada que quiere decir interés por el
otro, de un modo absorbente y exclusivo. Hay que hacer renuncias, pero éstas no
son sino la inversión necesaria para ganar algo mucho más valioso: un amor pleno
Miremos,
hermanos y hermanas, a nuestra Madre, que está en el corazón de Dios. El
misterio de esta joven de Nazaret no nos es extraño. No está "Ella allí y
nosotros aquí". No, estamos comunicados.
En
efecto, Dios dirige su mirada de amor también a cada hombre y a cada mujer,
¡con nombre y apellidos! Su mirada de amor está sobre cada uno de nosotros.
(Homilía de S.S. Francisco, 8 de mayo de 2017).
http://www.es.catholic.net/op/articulos/69860/evangelioBoletin.html
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