DEJA DE MENDIGAR
No
hablo del mendigar por dinero o cuando alguien necesita algo para comer. Es una
situación lamentable, pero, no es eterna si se dan las condiciones sociales y
económicas necesarias para sacar de la pobreza a la gente, esto tiene ver con
la estructura social y política. Una excelente administración política, se
preocupa primero por el bien común de su gente, como, por ejemplo: trabajo,
alimento, vivienda, salud, educación.
Es
importante, darles a los ciudadanos, las herramientas para salir de la miseria
y de la pobreza, “no les des pescado, enséñales a pescar”. Este
proverbio, enseña la autosuficiencia y el empoderamiento de la gente a largo
plazo. Es una condición externa. Ninguno debe estar condenado por nadie a pasar
hambre y vivir mendigando. Ni mucho menos permitamos a quienes quieren mantener
este sistema de pobreza y de igualdad. Hablas de ¿Igualdad?
Cuidado
con aquellos que dicen, que luchan por la igualdad. No existe la igualdad,
existe la equidad. Nadie debe pretender que seamos iguales a los demás. ¿Por
qué y para qué ser igual a los otros? Somos diferentes y eso es lo más hermoso
en la humanidad. Y esa es nuestra riqueza, la diferencia no la igualdad. Existe
la diversidad y eso es más importante que la igualdad.
Hay
una frase de Cristo, que llama la atención: “A los pobres los tienen siempre
con ustedes, y podrán ayudarles cuando quieran; pero a Mí no me van a tener
siempre” (Marcos 14,7) Parece que Cristo tenía bien claro, qué significa
ser pobre. Y que siempre habrá gente “pobre”. Todo empieza con el concepto que
tengamos de pobreza. ¿Qué es ser pobre? ¿De qué pobreza hablas? No solamente
existe la pobreza material. Existen muchas más pobrezas en el ser humano.
Bueno,
este es un tema que tiene que ver más con la política y la economía social,
pero, será para otro momento.
“Deja
de mendigar”. Aquí, hablo de algo más profundo. Que toca las fibras más íntimas
del ser humano. Hago referencia a la “necesidad de afecto – amor”. Muchos desde
pequeños crecieron en un ambiente de inseguridad y de amenazas. Se
desarrollaron en ambientes tóxicos y con violencia en el hogar. Con padres
presentes para pelear y gritar, donde el lenguaje diario era la acusación
frecuente. Niños y niñas que, muy poco o jamás escucharon una palabra amable y
de respeto, no les dieron o no tuvieron un gesto de amor y de aprecio. No hubo
abrazos. No hubo un beso. No hubo un te quiero. No hubo una palabra de ánimo y
de reconocimiento. Todo esto conlleva una gran carencia humana, la falta de
afecto. ¿Y qué puede suceder cuando se ha crecido sin afecto, sin amor, sin
aceptación? Pues, el desprecio.
Ojo,
el desprecio empieza por uno mismo. Si hablo de “dejar de mendigar”, también se
traduce como “dejar de despreciarte”. El novelista polaco-británico Joseph
Conrad, nos habla de la vulnerabilidad y la inestabilidad del ser humano “La
mente del hombre es capaz de todo, porque todo está en ella, tanto el pasado
como el futuro”. Cuando alguien desde niño, por sus padres o familiares,
fue “programado” en hogares donde no se expresaban con afecto, queda marcado en
su vida para “mendigar”. Es decir, para repetir patrones aprendidos en la
infancia, hasta que, en algún momento, tome conciencia de ello, y pueda darse
un cambio radical en su vida, “metanoia” un giro de 360°. Claro que sí es
posible un cambio.
Si
partimos de la siguiente premisa que, varones y mujeres somos seres “completos”;
la siguiente premisa sería; varones y mujeres buscamos la “complementariedad”,
parece una contradicción. No lo es, somos completos y complementarios. El varón
es varón y la mujer es mujer. Pues, ¿Qué puede faltarte para ser varón? Y ¿Qué puede
faltarte para ser mujer? Nada. Simplemente, somos seres invaluables, cada uno
es la otra cara de la moneda, es la complementación. Y ésta es una opción totalmente
libre. No es una obligación. Puedes elegir estar complemente sol@ y ser feliz.
Puedes elegir estar en pareja y ser feliz. O, todo lo contrario. Estar sol@ y
ser infeliz. Estar con pareja y ser infeliz. Toda elección conlleva una
aceptación o un rechazo. Puedes acertar o puedes equivocarte.
Lo
pasado es pasado. Si viviste en situaciones antes descritas, cierra ya ese
capítulo y punto aparte. Deja de tener miedo a equivocarte. Es parte del
aprendizaje. No somos ángeles perfectos, pero, aun así, se equivocan. Somos
humanos con cosas hermosas y no tan hermosas. Veamos un ejemplo, si te dan un
regalo, tienes dos opciones, lo aceptas o lo rechazas. Eres libre para ello. No
estás obligado a recibir todo lo que te dan, aunque sea un regalo. Vayamos por
partes, la vida es un regalo diario, algunos están agradecidos, otros la
maldicen. El estar en pareja es algo muy especial, algunos se aman y otros se
odian. Puedes convertir ese regalo, cualquiera que sea, en algo maravilloso
para tu vida y ser agradecido. O puedes hacer y hacerte un infierno con ello. Eso
se llama elección.
“Dejar
de mendigar” significa. Mírate a ti mismo con aprecio, en primer lugar. Y, en
segundo lugar, acéptate sin condiciones tal cual eres. Y así sucesivamente. No
busques excusas para valorarte. Date tu lugar. Sé tú mismo en todo. Deja de
buscar fuera lo que ya tienes dentro, amor propio y genuino, dignidad y respeto.
Fuera está alguien o algo, que crees que te hará feliz, que te dará todo lo que
no tienes, que te validará y te dará reconocimiento. Eso es efímero. Eso es
suplicar. Pues, te darán solo migajas por tus ruegos, grave error, y mucho peor
es que, cuando ven tu “necesidad afectiva” se aprovecharán de ti ¿Qué crees que
recibirás después? Dependencia emocional. Vuelves a repetir el maldito ciclo
familiar. Por favor, rompe esas cadenas de esclavitud efectiva. Ya es tiempo de
dejar que te usen. Aprende a dormir en paz, sin ansiedad, sin miedo.
Nos
lo recuerda, el psicólogo israelí – estadounidense, Daniel Kahneman, Premio
Nobel de Economía (2002) por integrar la psicología con la ciencia económica. “El
estado de ánimo de la gente está determinado principalmente por su composición
genética y personalidad; en segundo lugar, por su contexto inmediato y sólo en
tercer y cuarto lugar por las preocupaciones, inquietudes y otras cosas por el
estilo”.
Estamos
marcados por el ADN familiar, hay patrones que ya están instalados en el cuerpo,
y que nos llevan a actuar de un modo determinado. Ni bueno ni malo, estamos
“programados”. Por lo tanto, se puede desprogramar. ¿Cómo rompemos ese patrón?
Pues, cuando somos conscientes de nuestro origen, de nuestros padres; primero,
lo aceptamos y lo integramos en la vida, segundo, no se trata de rechazar o
negar, sino de asumir y elevar nuestro origen.
Es
decir, estas llamado para sanar tus raíces. Tus padres, consciente o
inconscientemente, también dieron lo que recibieron, tú al ser más consciente
de todo esto, eres el sanador y quien rompa esas cadenas.
“Lo
que niegas te somete, lo que aceptas te transforma. Aquello a lo que te
resistes, persiste” (Carl Gustav Jung). Es aquí, donde se opera el cambio
consciente de mentalidad y de vida. Lo simple es lo maravilloso.
El
discípulo, del filósofo y ensayista español, José Ortega y Gasset, nos dice: “Con
demasiada frecuencia algunos hombres sacrifican el ser al ser distintos”
(Julián Marías). Te explico brevemente su significado. Deja de mendigar
pidiendo miserias ajenas. ¿Acaso estás tan vacío de ti? Deja de eliminar o
inhibir tu personalidad, por querer ser como los demás, distinto ¿Distinto en
qué? Deja de rechazarte por tratar de encajar con los demás, si no encajas,
punto ¿Cuál es el problema? Es decir, pierdes tu esencia y tu dignidad,
pretendiendo ser como los otros. Basta. Eres más valioso de lo que imaginas.
¡Acéptate!
Recuerda
que, hay algo en ti, tan intrínseco que, jamás se negocia y se llama respeto. Y
si algún día lo pierdes. Hay dos que cosas que hacer: perdónate valientemente y
cierra el capítulo. Levanta la cabeza con distinción y sonríe. Y cuando lo
hagas algo en ti cambiará, tu perspectiva de ver a la gente, y que no eres
distinto, sino único.