jueves, 1 de enero de 2026

DEJA DE MENDIGAR

 


DEJA DE MENDIGAR

No hablo del mendigar por dinero o cuando alguien necesita algo para comer. Es una situación lamentable, pero, no es eterna si se dan las condiciones sociales y económicas necesarias para sacar de la pobreza a la gente, esto tiene ver con la estructura social y política. Una excelente administración política, se preocupa primero por el bien común de su gente, como, por ejemplo: trabajo, alimento, vivienda, salud, educación.

Es importante, darles a los ciudadanos, las herramientas para salir de la miseria y de la pobreza, “no les des pescado, enséñales a pescar”. Este proverbio, enseña la autosuficiencia y el empoderamiento de la gente a largo plazo. Es una condición externa. Ninguno debe estar condenado por nadie a pasar hambre y vivir mendigando. Ni mucho menos permitamos a quienes quieren mantener este sistema de pobreza y de igualdad. Hablas de ¿Igualdad?

 

Cuidado con aquellos que dicen, que luchan por la igualdad. No existe la igualdad, existe la equidad. Nadie debe pretender que seamos iguales a los demás. ¿Por qué y para qué ser igual a los otros? Somos diferentes y eso es lo más hermoso en la humanidad. Y esa es nuestra riqueza, la diferencia no la igualdad. Existe la diversidad y eso es más importante que la igualdad.

Hay una frase de Cristo, que llama la atención: “A los pobres los tienen siempre con ustedes, y podrán ayudarles cuando quieran; pero a Mí no me van a tener siempre” (Marcos 14,7) Parece que Cristo tenía bien claro, qué significa ser pobre. Y que siempre habrá gente “pobre”. Todo empieza con el concepto que tengamos de pobreza. ¿Qué es ser pobre? ¿De qué pobreza hablas? No solamente existe la pobreza material. Existen muchas más pobrezas en el ser humano.

Bueno, este es un tema que tiene que ver más con la política y la economía social, pero, será para otro momento.

 

“Deja de mendigar”. Aquí, hablo de algo más profundo. Que toca las fibras más íntimas del ser humano. Hago referencia a la “necesidad de afecto – amor”. Muchos desde pequeños crecieron en un ambiente de inseguridad y de amenazas. Se desarrollaron en ambientes tóxicos y con violencia en el hogar. Con padres presentes para pelear y gritar, donde el lenguaje diario era la acusación frecuente. Niños y niñas que, muy poco o jamás escucharon una palabra amable y de respeto, no les dieron o no tuvieron un gesto de amor y de aprecio. No hubo abrazos. No hubo un beso. No hubo un te quiero. No hubo una palabra de ánimo y de reconocimiento. Todo esto conlleva una gran carencia humana, la falta de afecto. ¿Y qué puede suceder cuando se ha crecido sin afecto, sin amor, sin aceptación? Pues, el desprecio.

 

Ojo, el desprecio empieza por uno mismo. Si hablo de “dejar de mendigar”, también se traduce como “dejar de despreciarte”. El novelista polaco-británico Joseph Conrad, nos habla de la vulnerabilidad y la inestabilidad del ser humano “La mente del hombre es capaz de todo, porque todo está en ella, tanto el pasado como el futuro”. Cuando alguien desde niño, por sus padres o familiares, fue “programado” en hogares donde no se expresaban con afecto, queda marcado en su vida para “mendigar”. Es decir, para repetir patrones aprendidos en la infancia, hasta que, en algún momento, tome conciencia de ello, y pueda darse un cambio radical en su vida, “metanoia” un giro de 360°. Claro que sí es posible un cambio.

 

Si partimos de la siguiente premisa que, varones y mujeres somos seres “completos”; la siguiente premisa sería; varones y mujeres buscamos la “complementariedad”, parece una contradicción. No lo es, somos completos y complementarios. El varón es varón y la mujer es mujer. Pues, ¿Qué puede faltarte para ser varón? Y ¿Qué puede faltarte para ser mujer? Nada. Simplemente, somos seres invaluables, cada uno es la otra cara de la moneda, es la complementación. Y ésta es una opción totalmente libre. No es una obligación. Puedes elegir estar complemente sol@ y ser feliz. Puedes elegir estar en pareja y ser feliz. O, todo lo contrario. Estar sol@ y ser infeliz. Estar con pareja y ser infeliz. Toda elección conlleva una aceptación o un rechazo. Puedes acertar o puedes equivocarte.

 

Lo pasado es pasado. Si viviste en situaciones antes descritas, cierra ya ese capítulo y punto aparte. Deja de tener miedo a equivocarte. Es parte del aprendizaje. No somos ángeles perfectos, pero, aun así, se equivocan. Somos humanos con cosas hermosas y no tan hermosas. Veamos un ejemplo, si te dan un regalo, tienes dos opciones, lo aceptas o lo rechazas. Eres libre para ello. No estás obligado a recibir todo lo que te dan, aunque sea un regalo. Vayamos por partes, la vida es un regalo diario, algunos están agradecidos, otros la maldicen. El estar en pareja es algo muy especial, algunos se aman y otros se odian. Puedes convertir ese regalo, cualquiera que sea, en algo maravilloso para tu vida y ser agradecido. O puedes hacer y hacerte un infierno con ello. Eso se llama elección.

 

“Dejar de mendigar” significa. Mírate a ti mismo con aprecio, en primer lugar. Y, en segundo lugar, acéptate sin condiciones tal cual eres. Y así sucesivamente. No busques excusas para valorarte. Date tu lugar. Sé tú mismo en todo. Deja de buscar fuera lo que ya tienes dentro, amor propio y genuino, dignidad y respeto. Fuera está alguien o algo, que crees que te hará feliz, que te dará todo lo que no tienes, que te validará y te dará reconocimiento. Eso es efímero. Eso es suplicar. Pues, te darán solo migajas por tus ruegos, grave error, y mucho peor es que, cuando ven tu “necesidad afectiva” se aprovecharán de ti ¿Qué crees que recibirás después? Dependencia emocional. Vuelves a repetir el maldito ciclo familiar. Por favor, rompe esas cadenas de esclavitud efectiva. Ya es tiempo de dejar que te usen. Aprende a dormir en paz, sin ansiedad, sin miedo.

 

Nos lo recuerda, el psicólogo israelí – estadounidense, Daniel Kahneman, Premio Nobel de Economía (2002) por integrar la psicología con la ciencia económica. “El estado de ánimo de la gente está determinado principalmente por su composición genética y personalidad; en segundo lugar, por su contexto inmediato y sólo en tercer y cuarto lugar por las preocupaciones, inquietudes y otras cosas por el estilo”.

Estamos marcados por el ADN familiar, hay patrones que ya están instalados en el cuerpo, y que nos llevan a actuar de un modo determinado. Ni bueno ni malo, estamos “programados”. Por lo tanto, se puede desprogramar. ¿Cómo rompemos ese patrón? Pues, cuando somos conscientes de nuestro origen, de nuestros padres; primero, lo aceptamos y lo integramos en la vida, segundo, no se trata de rechazar o negar, sino de asumir y elevar nuestro origen.

Es decir, estas llamado para sanar tus raíces. Tus padres, consciente o inconscientemente, también dieron lo que recibieron, tú al ser más consciente de todo esto, eres el sanador y quien rompa esas cadenas.

Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma. Aquello a lo que te resistes, persiste” (Carl Gustav Jung). Es aquí, donde se opera el cambio consciente de mentalidad y de vida. Lo simple es lo maravilloso.

 

El discípulo, del filósofo y ensayista español, José Ortega y Gasset, nos dice: “Con demasiada frecuencia algunos hombres sacrifican el ser al ser distintos” (Julián Marías). Te explico brevemente su significado. Deja de mendigar pidiendo miserias ajenas. ¿Acaso estás tan vacío de ti? Deja de eliminar o inhibir tu personalidad, por querer ser como los demás, distinto ¿Distinto en qué? Deja de rechazarte por tratar de encajar con los demás, si no encajas, punto ¿Cuál es el problema? Es decir, pierdes tu esencia y tu dignidad, pretendiendo ser como los otros. Basta. Eres más valioso de lo que imaginas. ¡Acéptate!

 

Recuerda que, hay algo en ti, tan intrínseco que, jamás se negocia y se llama respeto. Y si algún día lo pierdes. Hay dos que cosas que hacer: perdónate valientemente y cierra el capítulo. Levanta la cabeza con distinción y sonríe. Y cuando lo hagas algo en ti cambiará, tu perspectiva de ver a la gente, y que no eres distinto, sino único. 

DEJA DE MENDIGAR

  DEJA DE MENDIGAR No hablo del mendigar por dinero o cuando alguien necesita algo para comer. Es una situación lamentable, pero, no es eter...