HONESTIDAD Y VALENTÍA EN EL HOGAR
FELIZ DÍA DEL PADRE
Estimados
padres de familia, bienvenidos. Siempre es un gran honor y alegría compartir
con todos ustedes, sobre todo, en un día tan especial y grandioso, para hablar
con toda franqueza, confianza y sinceridad, sin escatimar palabras de
agradecimiento y de reconocimiento, de lo que, verdaderamente sostiene a
nuestras familias: los valores que dejamos grabados en el corazón
de nuestr@s hij@s.
En
el mundo actual, donde la seducción de las redes sociales nos atrapa, diciendo
que facilitan la vida con la tecnología, pero, lo que en realidad buscan es
solo el consumismo desenfrenado y egoísta, con el pretexto del bienestar de la
persona y de la familia, entre todo esto, nos encontramos que, educar con
valores, con valentía y honestidad es un reto enorme para cada uno de nosotros.
Pareciera que la corriente va en contra de lo que les enseñamos en casa. Por
eso, hoy quiero invitarlos a reflexionar sobre dos pilares cristianos
fundamentales que tod@ hij@ necesita para no tambalearse: la honestidad y la valentía.
LA HONESTIDAD: VIVIR EN LA VERDAD
Como
cristianos, recordamos las palabras de Jesús: "La verdad los hará
libres". Ante estas palabras surgen las siguientes preguntas:
¿Qué es la libertad? ¿Somos realmente libres? ¿De qué libertad nos habla Jesús?
Aquí, nos habla de la libertad del espíritu que, evita las ataduras a las cosas
materiales o a todo aquello que nos impide llevar una vida con rectitud y de
bien. Lo espiritual está por encima de lo material. Las cosas son pasajeras, el
espíritu es eterno. Por eso, más que las cosas materiales para nuestros hijos,
están los valores, el amor, la educación y el buen ejemplo.
La
honestidad no es solo "no decir mentiras"; es una forma
de vida. Debe caracterizarnos una vida sencilla, alegre y honesta, evitar las
apariencias y el doble sentido de las palabras y de la vida. Es enseñarles a nuestros hijos que su palabra
vale, que es preferible un examen reprobado con dignidad que una con trampa, y que
los errores se asumen, no se esconden. No somos perfectos, quizá en nuestra
adolescencia nunca hemos sido los hijos que nuestros padres esperaban de
nosotros. Eso es un aprendizaje que la vida nos enseñó, siempre dar lo mejor a
nuestros hijos hoy.
EL
COMPROMISO FAMILIAR:
Los
hijos no escuchan lo que decimos, miran lo que hacemos. Recuerden que: también ellos
al igual que nosotros hoy, “interpretamos” lo que estamos oyendo. Si te caigo
bien me interpretas de un modo, pero, si te caigo mal, me interpretar de otro
modo. Así es en el hogar. Los sentimientos y las emociones con la familia,
tienen un gran peso en nuestra comunicación.
Por
lo tanto, si en casa cuando hablamos o dialogamos con nuestros hijos, si nos
ven inventar una excusa falsa para faltar al trabajo o no cumplir un
compromiso, les estamos enseñando a mentir. La honestidad en el hogar se
construye cuando en casa se puede hablar con la verdad sin miedo a ser
destruido, sino con la certeza de ser corregido con amor. Las amenazas, los
golpes, la violencia, los gritos, los insultos nunca han sido los mejores aliados
de la formación en el hogar.
Algunos
en la adolescencia hemos renegado y nos hemos enfrentado a nuestros padres, pues,
de pequeños hemos confiado en ellos, pero, en algún momento de la vida, nuestros
“ídolos” se cayeron cuando no fueron coherentes con sus palabras y actos. Pues,
es momento de romper esa “maldición” o pésimos ejemplos de los padres, y comprometernos
a no volver a repetir aquello que tanto hemos criticado en ellos. Eso es
perdonar y perdonarlos, pues, ellos dieron lo que a su vez recibieron. Además, lo
pasado es pasado. Es momento de evolucionar, es momento del cambio personal y
familiar, y dar lo mejor de nosotros hoy como padres.
LA VALENTÍA: REMAR CONTRACORRIENTE
La
valentía cristiana no es la ausencia de miedo, ni es la fuerza física. La
verdadera valentía es moral, es la conducta, el comportamiento externo que
mostramos a los demás. Es decir, es actuar de modo “transparente” sin temor
a las críticas o al qué dirán. Recuerden que, somos libres para expresarnos y
decir las cosas como son. Nadie nos impide ser sinceros y valientes para ser
coherentes en la vida, y sobre todo en el hogar. Valentía para amar y valentía
para aceptar a cada hij@ tal como es, sin cortarles las alas para ser lo que
quieran en la vida. Nos corresponde apoyarlos y animarlos. Porque algún día
se irán del hogar tal como nosotros lo hicimos en su momento.
En
un mundo donde las apariencias, parecen ser lo más importante, cuentan mucho
para engañar y engañarnos, donde nos “esclavizamos” materialmente, por ser
mejores o mejor dicho, tener más que el vecino o el compañero de trabajo. Es aquí,
donde debemos tener valentía y coraje. Es el coraje de decir "no"
cuando todos dicen "sí" a lo que está mal. Es valentía
para ir contracorriente al qué dirán o las burlas o provocaciones. Valentía es
defender al compañero del que todos se burlan. Valentía es mantener la fe y los
principios, aunque de afuera nos llamen tontos o "anticuados".
Valentía
para evitar autoengañarnos de tener aquello que no tenemos, cuando en realidad
por dentro estamos vacíos y necesitados de aceptación, de aprecio y de
valoración. Nadie está por encima
de nadie. Todos estamos llamados a ser mejores cada día. Tampoco hay necesidad
de competir con los demás, en todo caso, competir con nosotros mismos y no
contra nosotros mismos. Valentía es ser alegres en todo momento. Animar a los
desanimados. Ser luz y guía para quienes necesiten nuestro apoyo y servicio. Ser
esperanza de fuerza para los débiles que caen una y otra vez.
San
Pablo nos decía: "Sé valiente y mantente firme en la fe".
En primer lugar, debemos tener valentía para aceptar que no somos perfectos, ni
como padres, ni como personas individuales, ni como pareja, que también lloramos
en silencio, y que explotamos de rabia cuando las cosas no salen como queremos,
y que preferimos estas solos en algunos momentos. En segundo lugar, aceptar
que estamos distanciados o peleados, como lo estuvimos en nuestra adolescencia
con nuestros padres, ahora, lo estamos con nuestro Padre Dios, el Taytacha por
excelencia. Que nos hemos amargado la vida y hemos amargado la vida de los demás.
Porque en lugar de ser valientes, hemos aparentado ser fuertes ante el miedo,
el dolor y el abandono.
Y
aquí lo más importante que, jamás debemos perder de vista como padres responsables
y que asumen con alegría el compromiso de educar a sus hijos en valores y amor.
En el hogar, enseñamos valentía cuando no les resolvemos la vida a nuestros
hijos, sino que los animamos a levantarse tras un fracaso. Si caes,
levántate. Si tropiezas, levántate. Ten el coraje siempre de aprender cada día.
Todo es una enseñanza para ser mejores. Un hogar cristiano es el refugio
donde el hijo recarga las fuerzas para salir al mundo a ser luz, aunque el
mundo prefiera la oscuridad.
CONCLUSIÓN
Queridos
padres, la escuela instruye la mente, pero la familia forma el alma. No podemos delegar la fe
ni los valores a las pantallas ni a terceros. El mayor legado que le dejarán
a sus hijos no son los bienes materiales, sino un carácter firme y una
conciencia limpia.
Los
invito a que hoy, hagamos un pacto familiar silencioso pero firme:
ü Que en nuestro hogar
se premie la verdad, aunque duela.
ü Que en nuestra mesa se
aplauda el esfuerzo y la valentía de hacer lo correcto.
Que
Dios bendiga a cada una de sus familias y nos dé la sabiduría para ser los
guías que nuestros hijos necesitan. ¡Muchas gracias!
SER SIEMPRE AGRADECIDOS:
POR
LA VALENTÍA EN EL HOGAR:
Te
damos gracias, Señor, por los padres de familia que asumen con valentía la
responsabilidad de educar a sus hijos en la fe y en los valores cristianos.
Gracias porque, a pesar de las dificultades del mundo actual, se mantienen como
faros de luz, guiando a sus hogares con fortaleza y amor.
POR
EL TESTIMONIO DE FIDELIDAD:
Te
damos gracias, Padre Celestial, por el don de la fidelidad en nuestras
familias. Te agradecemos por aquellos padres que, con su entrega diaria y su
constancia, enseñan a sus hijos el valor de la palabra dada, del compromiso
mutuo y del amor incondicional que refleja tu amor por nosotros.
POR
LA HONESTIDAD COMO ESTILO DE VIDA:
Te
damos gracias, Señor Jesús, por los padres que eligen vivir en la verdad y que
hacen de la honestidad el cimiento de sus hogares. Gracias por su esfuerzo diario
de ser coherentes entre lo que creen y lo que hacen, convirtiéndose así en el
mejor ejemplo y el primer catecismo para sus hijos.
POR
EL COMPROMISO CON EL FUTURO DE LOS HIJOS:
Te
damos gracias, Espíritu Santo, por el compromiso generoso de los padres que no
escatiman esfuerzos para estar presentes en la vida de sus hijos. Gracias por
su paciencia, su tiempo y su dedicación para formar hombres y mujeres de bien,
útiles a la sociedad y fieles a tu Iglesia.
POR LOS QUE YA PARTIERON AL REINO DEL PADRE:
Te damos gracias, Padre eterno, por nuestros
padres de familia que ya se nos adelantaron, al gozo del Reino que tu Hijo
Jesucristo nos prometió. De modo muy especial por mi querido padre Estanislao,
y por todos los padres que están presentes en el corazón de sus hij@s hoy. Gracias
por su presencia y por los dones que compartieron con nosotros, y seguiremos
sembrando la paz y el amor en nuestros hogares.
Siempre agradecidos a ti Padre Celestial, Autor
y Fuente de la vida. Bendice y acompaña a tod@s tus hij@s que te buscan de corazón,
y ven en el “tuve hambre…, y me dieron de comer” la persona de Jesucristo. Señor
y Dios nuestro. Así sea. Namasté.
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