¿QUIÉN ERES REALMENTE?
Cuando comparto con los estudiantes algunos
temas sobre la materia y la forma de lo creado, u otros temas como la dignidad,
las emociones…, siempre existen modos diversos de interpretar lo creado y la
naturaleza humana ¿Qué es primero, la materia y luego la forma, o primero la
forma, y luego la materia? ¿Cómo es posible que el cerebro humano – materia –
pueda “producir” pensamientos, ideas, imágenes – todo ello inmateriales? ¿Puede
la materia producir algo inmaterial o es todo lo contrario? La voz, es
inmaterial, pero se puede escuchar por el oído que es materia. Si aplicamos
estos ejemplos, a la muerte, nos preguntamos ¿Es la muerte el final de la vida?
¿O es el principio de la misma?
Es como los valores o las emociones o los
números matemáticos en nuestro diario vivir, no existen como algo material, que
se “puedan tocar, oler o saborear”, sino como entidades espirituales o
inmateriales que, le damos connotaciones “reales” y vivenciales aplicados a la
vida. ¿Dónde están los sentimientos de amor y odio que sentimos por los demás? ¿Dónde
está la conciencia que da unidad a nuestro ser, está dentro o fuera de
nosotros? ¿La conciencia muere con la persona o sobrevive después de la muerte?
El lenguaje humano no da para tantas respuestas a lo planteado, es limitado o
finito. Y nos cuestionamos que, si todo lo vivido en este planeta tierra,
fue o es una realidad o un sueño profundo del cual despertamos, para empezar la
vida. Una nueva vida.
Comparto en algunas charlas que, cuando voy a
dormir, pues, el dormir cada noche, es un “morir” o un volver a la fuente de la
vida. El alma vuelve a su lugar de origen cada vez que dormimos. ¿Dónde queda
este lugar? No es un lugar ni físico ni geográfico, sino que, es un estado sin
espacio ni tiempo, que solo el espíritu lo entiende. Y que cada noche me
despido de este planeta tierra, agradecido por este día maravilloso vivido. Deseando
no regresar porque uno entiende que, ya cumplió la tarea encomendada, pero, uno
regresa y seguirá regresando, no indefinidamente ¿para qué? Seguro que, aún
falta completar la misión en esta tierra, pero ¿Quién decide esta misión? ¿La
Pachamama? ¿La materia o el espíritu o quizá uno mismo?
Recordemos que, nada nos pertenece. Sin
nada hemos venido y sin nada nos vamos de este planeta. La
frase “polvo eres y al polvo volverás” se encuentra en la Biblia en el libro del
Génesis 3, 19. Dios se la dice a Adán como
consecuencia de su desobediencia, recordándole que el cuerpo humano fue formado
de la tierra y que morirá para volver a desintegrarse en ella. Nos habla de la fragilidad humana, y nos muestra que la vida en la tierra es breve y
pasajera. Hace referencia a la humildad, recordando que las cosas materiales no
duran y que todos somos iguales ante Dios. Y nos habla del origen, ya que en Génesis
2,7 se relata que Dios formó al hombre del polvo de la tierra antes de darle
aliento de vida. La bendita y extraordinaria Pachamama, está
llena de vida.
Se entiende
que la creación “nació” o tuvo su “origen” de la nada. La materia nace del espíritu. Lo material tiene su origen en lo inmaterial.
El versículo principal que habla de que el universo fue hecho de lo que no se
veía (de la nada) es Hebreos 11,3: “Por la fe entendemos que el universo
fue creado por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que
no se veía”. También en la carta de San Pablo a los Colosenses 1,16
dice: "Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los
cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles... todo fue creado por
medio de él y para él”. Y en la carta a los Romanos 4,17 recalca que: “...Dios...
da vida a los muertos y llama a la existencia las cosas que no existen”.
La enseñanza de Jesús transforma la visión
tradicional de la muerte, presentándola no como un destino trágico o
definitivo, sino como un paso transformador sostenido por la promesa de la vida
eterna.
JUAN 11,25-26 — LA RESURRECCIÓN COMO
PRESENCIA ACTUAL
“Yo soy la resurrección y la vida. El que cree
en mí, aunque esté muerto, vivirá”
Análisis: Jesús habla con Marta tras la muerte
de Lázaro. Aquí redefine la resurrección, no es un simple evento cronológico
del futuro lejano, sino una realidad presente encarnada en su persona. La
muerte física pierde su poder definitivo ante la conexión con lo divino.
Ejemplo reflexivo: Imagina a alguien
sumergido en la oscuridad de una habitación sin ventanas. La promesa de la luz
no es una teoría futura; la entrada de la luz ocurre en el instante en que se
abre la puerta. Estar en relación con Cristo es abrir esa puerta desde el
presente.
Muy semejante a la “Caverna de Platón”. La verdadera realidad
no son las sombras que “ven” los que están dentro de ella, sino que la “realidad
verdadera”, está “fuera”, más allá de la apariencia de las cosas, “no son las
sombras” que nos vislumbran y nos hacen creer que, eso es todo y que no hay
realidades transcendentes o trascendentales.
JUAN 12,24 — EL PRINCIPIO DE LA ENTREGA
TRANSFORMADORA
“En verdad les digo que, si el grano de trigo
no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto”
Análisis: Cristo utiliza una metáfora de la
naturaleza para explicar el misterio de la crucifixión y la resurrección. La
vida biológica o personal guardada para sí misma se marchita en el aislamiento;
solo mediante la entrega generosa y el desprendimiento surge la plenitud de una
vida multiplicada.
Ejemplo reflexivo: Piensa en un frejol guardado
en un jarrón de vidrio, que permanece intacto, pero nunca llegará a ser una
planta. Solo al enterrarse, perder su forma original y romperse bajo la tierra,
dará origen a una nueva planta capaz de alimentar a otros.
Otro ejemplo: El bambú
chino
o bambú japonés, famoso como ejemplo de superación
personal, por una popular historia de superación y paciencia. Se cuenta que pasa
cerca de 5 años creando un gran sistema de raíces bajo tierra sin mostrar nada
fuera, y al salir puede crecer hasta 30 metros en pocas semanas.
LUCAS 20,37-38 — LA CONTINUIDAD DE LA
VIDA EN DIOS
“Dios no es Dios de muertos, sino de vivos,
pues para él todos ellos viven”
Análisis: Respondiendo a las dudas de los
saduceos sobre la otra vida, Jesús apoya su argumento en la relación
ininterrumpida de Dios con los patriarcas. Para la dimensión terrenal la
persona ha partido, pero en la perspectiva divina, la vida continúa porque el
amor de Dios no queda truncado por la tumba.
Ejemplo reflexivo: Cuando un músico
termina su interpretación y baja del escenario, la música deja de sonar en la
sala, pero la obra y el afecto por el intérprete permanecen intactos en quien
concibió la pieza. Para la fuente creadora, la identidad de la persona nunca se
pierde.
El hombre trasciende en sus obras, la familia, los
hijos, la empresa, las labores, la creatividad, las amistades, su aporte para
mejorar este mundo…, y todo tiene sentido, cuando entiendes que tienes una
misión que cumplir. Que debes poner en practica todos los dones que has
recibido, no solamente para tu propia realización sino para el servicio y la grandeza
de los demás.
REFLEXIÓN FINAL
A través de estos textos, Jesús desplaza el
enfoque de la muerte como un final temido hacia una experiencia de confianza,
donde el amor y la entrega son los verdaderos cimientos de la vida que
permanece. La misma resurrección de Jesús es todo un testimonio de ello.
El texto
bíblico principal que describe a Jesús como el primer fruto o garantía de la
resurrección se encuentra en 1 Corintios 15, 20: "Mas ahora Cristo
ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho".
La metáfora de la semilla y la cosecha también se desarrolla en los
versículos siguientes del mismo capítulo. El Pasaje Clave (1 Corintios 15, 20-23)
Cristo como
primicias: El apóstol Pablo usa la palabra "primicias",
que se refiere al primer fruto de una cosecha. Indica que la resurrección de
Jesús es la muestra de que una cosecha mayor (la resurrección de los creyentes)
vendrá después. Se proclama el orden de la resurrección: "Pero cada
uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en
su venida" (1 Corintios 15, 23).
La Metáfora
de la Semilla (1 Corintios 15, 35-38, 42-44) Pablo compara
directamente el cuerpo humano y la resurrección con una semilla que se siembra
en la tierra: "Lo que tú siembras no se vivifica, si no muere
antes" (1 Corintios 15:36). "Así también es la
resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en
incorrupción" (1 Corintios 15, 42).
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