CAER LO MÁS BAJO
"Parte de la resiliencia es decidir si
vas a sentirte miserable por algo que importe, o si decides sentirte miserable
que no importe", una frase de Elizabeth Edward. Hablo de los vicios
personales, arraigados en el cuerpo por medio de hábitos, repetidos una y otra
vez. Una de las experiencias más dolorosas del ser humano, es una caída y/o
recaída de algún vicio o vicios, que por años ya lleva repitiendo. Y cansado de
esa vida, quiere salir, pero, no puede, no encuentra el camino, no tiene la
fuerza de voluntad.
Hay que tener presente que, no todos tienen
una fuerza de voluntad tan entrenada. Y el vicio o los vicios pueden ser: el
cigarrillo, el alcohol, la droga, el sexo, el mentir, el robar o lo que sea que
termina dañando la persona, las ilusiones y a veces, la familia. Es una
autodestrucción que va minando la propia salud física, emocional y las
relaciones amicales. Séneca, nos dice algo para reflexionar: “Deberíamos
rendir cuentas cada noche: ¿Qué debilidad he dominado hoy? ¿Qué pasiones he combatido?
¿Qué tentación he resistido? ¿Qué virtud he adquirido? Nuestros vicios se desvanecerán
por sí solos si se les lleva la cuenta cada día”.
Tocar fondo. La adversidad es parte de nuestra
vida, en palabras Henry Ford: "Cuando
todo parezca ir contra ti, recuerda que el avión despega contra el viento, no a
favor de él". El reto está en superarnos a nosotros mismos cada día,
pero, cuando caemos tan bajo, todo comienza como jugando, con un simple “un
vasito nada más” o “una copa no hace daño” o “una pitadita y punto” o
“nos fumamos un puro y eso es todo” o “un rapidito, un ratito nada más y nos
despedimos”. Muchas veces estamos cegados por la pasión.
Esa copita se convierte en muchas copas, o lo
que sea, se convierte en cajas consumidas, finalmente, después del placer del
cuerpo, éste termina como trapo estropeado, los bolsillos vacíos y empiezan los
lamentos y te lamentas de todo, y te dices “nunca más lo volveré a hacer”,
demasiado tarde y nos quedamos en "palabras, palabras, palabras solo
hay entre tú y yo", descubrimos aquí, la verdadera conexión emocional
del cuerpo y las palabras, en la canción romántica de Silvana Di Lorenzo.
El ser humano no para hasta que cree que no
hay nada más. El cuerpo posee una increíble fuerza interior para conseguir o
lograr lo que desea. Muchas veces no mide las consecuencias de sus actos, hasta
mucho después de haber sido éstos consumados. Es parte de la naturaleza el
experimentar hasta lo extremo, sensaciones al límite de la desesperación, pura
adrenalina, aunque entiende que puede perder la vida o quedar dañado por ello.
Un caso de la vida “de tocar fondo”, cuando
alguien está metido en el alcohol o pasado de tragos, y amanece tirado en la
vereda, y mientras sueña, cree que está lloviendo, sin embargo, es un perro con
la pata levantada que está tirando su orina en la cabeza del borracho. Parece
broma y da risa, pero, cuántas veces he sido testigo de perritos o perrones
marcando territorio en su árbol caído.
Encontrar o reencontrar nuevamente el camino
de regreso a la dignidad personal. Recordemos que, cuando uno a si mismo se
hace promesas para salir del fondo, pero, vuelve a repetir una y otra vez, sus
cuidas ya no son salidas, son repeticiones, es decir, con cada caída va
reforzando el patrón. Por lo tanto, tantas promesas vanas, es como para volver
a repetir el ciclo. El cuerpo es más adictivo de lo que puedas imaginar. Porque
tiene hábitos que arrastra desde años atrás.
Los hábitos en el cuerpo son poderosísimos, de
tal modo que pueden construir o destruir tu “destino”. No es maldición, ni
karma, ni que te vaya mal en la vida. Cuando la mente no tiene orden, ni
claridad en sus objetivos y metas, son tus hábitos asumiendo la “conducción” de
tu cuerpo, y hace lo que más le gusta hacer, buscar el placer. Ten presente las
palabras de Charles Duhigg, cuando nos dice: “Este es el verdadero poder del
hábito: la comprensión de que tus hábitos son lo que tú eliges que sean”.
Y por otro lado, todo está muy relacionado, y
muy bien nos lo dice Eric Jensen “No hay separación de mente y emociones;
las emociones, pensamientos y aprendizaje están relacionados”. Aquí,
un ejemplo de mente – cuerpo, que muchos han experimentado en su propia vida.
Puedes aplicarlo a alguien que tiene un vicio o aplicarlo a alguien que está
recuperándose de una enfermedad. Entendamos un poco más todo esto, en el
siguiente dialogo íntimo, mente – cuerpo.
La mente, en un dialogo interno, le dice
al cuerpo, una y otra vez, y muchas veces conscientemente, “debes cambiar de
hábitos, te lo aconsejó el médico, recuerda que, no puedes continuar así, ya es
momento de un cambio, te estás haciendo mucho daño”, etc.; pero, el
cuerpo le responde a la mente, mucho más seguro de sí mismo, “no es momento
de cambiar, todo tiene su tiempo, aún no necesito cambiar, estoy bien, no pasa
nada, un poco más, más adelante ya cambiaré, déjenme tranquilo, no necesito sus
consejos”, etc.; y cuando menos lo piensas, ya estás actuando como siempre
lo has hecho.
El médico o el nutricionista o un consejero,
te dijo: nada de azúcar, nada de sal, nada de grasa – la mente comprende y sabe
las consecuencias – pero, el cuerpo, también tienes sus “razones”, el primer
día obedece, y en adelante los siguientes días, vuelve a lo mismo, es más fácil
no cambiar, pues, para muchos el cambio “asusta”, y empieza a repetir lo
aprendido por años: “es rico el azuquítar, es agradable lo saladito, y mucho
más rico un chicharroncito”. El cuerpo toma el mando y asume lo que es
mejor para su vida – el cuerpo entiende y busca lo que le da placer. Hemos
escuchado la consabida frase “de algo hay que morir”.
Y volvemos a la rutina diaria que, es más
segura que el buscar lo nuevo. Todo cambio para algunos es un reto desagradable,
fastidioso e incómodo, no les interesa el cambio. Ten presente las palabras de
Friedrich Nietzsche: "Aquel que tiene un porqué para vivir, puede
soportar casi cualquier cómo". Algo semejante sucede, cuando pasado un
tiempo de vida bastante placentera, dicen algunos para si mismos o para concurrencia,
“voy a bajar de peso, estoy con la barriguita chelera y ya es tiempo de
estar en forma”. Se inscribió en el gimnasio, la primera semana a duras
penas, las siguientes “no vale la pena tanto sacrificio, estoy bien”.
El cuerpo busca el placer, aunque “sabe” que
puede terminar mal. El cuerpo es más sincero de lo que podemos imaginar. El
cuerpo no miente, las palabras sí. No está con rodeos, se lanza y punto. La
naturaleza es rebelde, por ejemplo, el niño debe ser disciplinado por sus
padres desde que nace, para su bien; lo vemos en los propios animales, que con
su instinto natural, terminan destruyéndose mutuamente; y lo vemos en las plantas,
que necesitan cuidado, y ser podadas para mejorar su desarrollo y producción.
El cuerpo humano que, no ha sido disciplinado
desde pequeño, repetirá patrones aprendidos desde la niñez, guste o no, está
orientado a hacer lo que mejor le venga en gana, para sí mismo y para con los
demás. Buscará construirse o destruirse. Pues, hará lo que mejor sabe hacer
para estar “bien”. Sentirse placentero. Jamás olvides que, "cuando
retomas al camino, retomas al punto en que lo dejaste, no al punto en el que
comenzaste" en palabras de Henri Nouwen.
Somos humanos, no robots. Es cierto que,
tenemos una gran diferencia con las máquinas, y se llama conciencia; somos
conscientes, nos damos cuenta de nuestros actos y palabras, por supuesto, todo
esto, mientras no perdamos la conciencia de quienes somos. Es importante
entender que todo cambio, empieza cuando se toma conciencia de la propia vida y
de las decisiones para cambiar. Decisión propia no ajena. No desde los consejos
u orientaciones que te dan. Si no, desde el momento en que tú crees que ya es
momento de un cambio en tu vida, en tus hábitos, entonces, todo en ti se
orienta hacia ello. Nadie puede obligarte a cambiar sino es decisión tuya.
Conciencia y decisión. Mente y cuerpo.
Viene a mi memoria, la parábola de Lucas 15,11-32,
“El hijo pródigo”, aunque algunos lo titulan como “El padre bondadoso”.
El hijo sabe lo que pidió al padre, su herencia; además, sabe hacia donde se
dirige, a malgastar sus bienes y buscar placeres. Después de un tiempo, cae en
una situación lamentable, no tiene qué comer, busca comida entre los chanchos y
se lo impiden. Reflexiona, y toma conciencia de su situación de abandono.
Vuelve a recordar que, “en la casa de mi padre sí hay comida”. Nos damos
cuenta que, el cuerpo “tiene una memoria ancestral”, se sobrepone y toma la
iniciativa. Aquí, se impone la supervivencia no la felicidad.
Decisión de volver, se pone en camino. Hay que
ponerse en movimiento, todo cambio exige moverse o acción. No bastan las palabras.
Pide perdón. Se arrepiente. Busca bondad y aceptación. Actitud interna, indispensable.
Toma conciencia de su dignidad de hijo. La esclavitud nos hace perder la dignidad
de ser libres. Al respecto nos dice Tamara Brown: "Sé que puede parecer
que levantarse, respirar e incluso moverse es una lucha. Pero, por favor hazlo,
muchas puertas están esperando abiertas para ti".
Hizo lo que quiso con sus bienes y su cuerpo,
porque creyó que eso era lo mejor para él, disfrutar a su modo de la vida,
luego, tomó conciencia de su situación de abandono, cayó lo más bajo que pudo,
y volvió cuando él quiso regresar. En este caso, nadie lo obligó a regresar ni
siquiera hubo consejos, pero, si hubo autorreflexión y autodeterminación. No
importa si fue el hambre, la supervivencia, su dignidad o sus ganas de vivir lo
que lo llevó a regresar, pero, lo hizo. Tomó la iniciativa de levantarse, de
dar los primeros pasos. Libertad y decisión. Voluntad y disciplina.
La experiencia propia es la mejor maestra de
la vida. No puedes afirmar que tu vida no te ha enseñado nada. Tu experiencia
ha sido y es tu mejor maestra, pero, poco has hecho con esa enseñanza. Cuando
tomas conciencia de tu enseñanza de vida, ésta se convierte en aprendizaje para
ti. Para mejorar y para retarte a ser mejor que ayer. No se puede pensar que
todos pasan las mismas experiencias. No. Es como pensar que todos deben tomar
las mismas medicinas para sanar un dolor.
Cada experiencia es algo extraordinario y
maravilloso, pues, te deja una lección, es decir, una verdad que asumir; no hay
experiencias ni buenas ni malas, todo depende de cómo la percibes y qué
aprendes de ello. Lo que es para ti, es para ti, no para los demás. Esa fue la
lección que tenías que aprender y vino en forma de vida, personas o
situaciones. Así que, nuevamente, agradecido maestra vida. Enseñas con una
sonrisa o con dolor. Es elección. Es aprendizaje.
Hemos escuchado, el dicho popular, aunque para
otros es un refrán, el “árbol que nace torcido, jamás el tronco endereza”.
Podemos pensar que, lo torcido no puede enderezarse por los hábitos, costumbres
o defectos bien arraigos desde la edad más temprana. Todo esto porque la
persona, no fue criada y bien educada y orientada en el hogar desde pequeño.
Sin embargo, esta frase “determinista” también es cuestionada por aquellos que
no creen en el determinismo.
Vamos a consultar la opinión de la RAE, y ésta
nos dice sobre el determinismo: “Es una doctrina filosófica que sostiene que
todos los eventos, especialmente las acciones humanas, están inevitablemente
predeterminados con anterioridad, sin posibilidad de azar, esto, se opone al
libre albedrío”.
Damas y caballeros, los que habitamos este
planeta tierra, por lo menos lo que conocemos hasta hoy, no negamos posibilidad
ni la existencia inteligente en otros planetas, aunque aún no existe evidencia
o demostración de ello, es decir, que nada está determinado, porque cada ser
humano determina libremente, lo que quiere para sí mismo, porque el ser inteligente
sí es capaz de su propia autodeterminación y cambio en su persona, si es que
así se lo propone.
Nos dice Pierre-Simón Ballanche, recalcando la
importancia de ser uno mismo, en todo momento libre e inteligente: “Es un
deber del hombre el emprender la conquista de su personalidad; es menester que
su desarrollo sea su obra propia”. Nadie puede determinar lo que tú no
quieres o aceptas. Tengamos presente que, somos seres inteligentes, únicos,
capaces de auto transformarnos desde lo más profundo de nuestro ser. Esto se
llama libre albedrío. Libre decisión.
Puedes cuestionarte todo lo que quieras, y
está bien. Es necesario e importante que, nos cuestionemos sobre la propia vida
y la propia existencia. Debemos aprender a interrogarte e interrogar todo
cuanto nos rodea, en este planeta y fuera de él. Quizá no haya respuestas por
el momento, pero, la pregunta o las preguntas encontrarán algún eco en algún rincón
del universo. Ten presente que: Tú eres tu propio autor. Tú eres el actor
principal de tu vida. Tú eres el público más exigente que puedas tener.
El siguiente proverbio nos recalca que: “los
malos hábitos son como una cama cómoda, es fácil acostarse, pero es difícil
salir de ella”. Tú, puedes transformar tu propia vida. Nos realizamos en el
diario vivir y sabemos que, “no todo es color de rosa”, existen los
contrastes en la vida de cada uno, por lo tanto, ten presente que: "la
adversidad tiene el don de despertar talentos que en la prosperidad hubieran
permanecido dormidos", es decir, en palabras de Horacio, tiene que
haber un “terremoto” en nuestra vida, para sacudirnos y despertar en nosotros
nuevas posibilidades y realizaciones.
Tú puedes pedir S.O.S si crees que lo
necesitas. Tú eres el gran triunfador o todo lo contrario. Puedes desafiarte en
tu diario quehacer o simplemente llevar una vida “tranquila” sin mayores
riesgos y cambios. Tú eres dueño de tu persona y tú decides si quieres mejorar
en el día a día. Pero, si quieres levantarte desde lo más bajo, es tu elección,
hazlo tú, que nadie lo haga por ti. Ese es el reto si has caído. En palabras de
Samuel Johnson, “las cadenas del hábito son demasiado débiles para sentirlas
hasta que son demasiado fuertes para romperlas”. De contrario felicidades,
eres casi un ángel.